«Resistiré la tentación de explicar al lector qué fue lo primero que me dejó boquiabierto, qué me hizo sonreír, reír a carcajadas, mover la cabeza asombrado. Es mejor que el lector lo descubra por sí mismo».

Walker Percy, prólogo de La conjura de los necios.

¿Cuántos escritores desaparecen en el olvido? ¿Cuántas obras maestras nunca llegan a las estanterías del mundo? ¿Cuántos grandes artistas no son nadie mientras viven y brillan cuando ya no están?

He llegado a la conclusión de que para ser un afamado escritor hay que cumplir uno de estos requisitos:

  • Tener suerte.
  • Saber enfrentarse contra viento y marea con todo con tal de lograr la fama.
  • Tener a alguien que crea tanto en ti y en tu obra como para luchar con uñas y dientes por lo que cree que mereces.

Y en este último punto se enmarca la novela de John Kennedy Toole, La conjura de los necios. Considero este libro como una verdadera prueba de amor maternal.

John Kennedy Toole escribió su gran obra en 1962 y la envió a diferentes editoriales donde lo rechazaron hasta que, harto de todo, decidió suicidarse.

frases La conjura de los necios

Años después, el manuscrito llegó a manos de su madre, a quien también rechazarían las editoriales en sucesivos intentos. Pero ella no se rindió, la memoria de su hijo estaba en juego.

Con La conjura de los necios bajo el brazo y mucho orgullo entre pecho y espalda, decidió contactar con el ya famoso escritor Walker Percy y, aunque el autor fue algo negativo al principio, ella consiguió lo que más necesitaba: no ser la única que creía en la brillantez de su hijo fallecido.

Así la fama pilló desprevenido a John Kennedy Toole, al que su única aspiración era seguir olvidado en su profundo sueño. Y aunque nunca pudo ver todo lo que su madre luchó, estoy segura de que en el fondo el peso de un premio Pulitzer póstumo cambió su forma de ver la eternidad.

libro fama póstuma

A día de hoy sigue siendo un «superventas», La conjura de los necios dará mucho que hablar durante siglos porque la verdadera fama atraviesa el muro entre la vida y la muerte.

Ahora podría resumiros el libro. Podría decir que su estrambóticamente bigotudo protagonista, Ignatius J. Reilly, consigue levantar pasiones (no precisamente agradables) y ampollas en manos de todo tipo de personas. Podría hablaros de su enfermiza relación con su madre y buscar similitudes con la vida de su autor. Incluso podría deciros si me gustó o no el libro. Pero en lugar de todo eso os diré lo que muchos le dijeron a Toole para rechazarle: es un libro que no trata de nada en concreto.

Tendréis que leerlo y juzgar si tanta lucha se merece o no la fama y el Pulitzer. ¿Hasta dónde llegaríais por la memoria de vuestros seres queridos?

Biblioteconomista, correctora especializada y aprendiz de escritora.

Una obra en la que me quedaría a vivir La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón, podría pasarme la vida recorriendo los pasillos del Cementerio de los libros olvidados.

Bigote preferido El de Davy Jones del Holandés Errante y, sin lugar a dudas, todos los que participan cada año en el movimiento Movember.

2 comentarios

  1. Leí este libro hace muchísimos años y no sabía si releerlo porque no me acordaba bien. Después de tu reseña he recordado lo mucho que me asqueó Ignatius y he decidido no hacerlo. Gracias!!

    1. ¡De ahí que levante todo tipo de pasiones! Yo creo que antes de hacer cualquier relectura hay muchísimas obras que descubrir y muy poco tiempo para ello, pero todos recaemos de vez en cuando. Confieso que yo tampoco voy a volver a tropezarme con Ignatius en mucho, mucho tiempo.

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