«Cuento mi historia, no porque sea única, sino porque no lo es. Es la historia de muchas niñas que hoy también cuento». Malala Yousafzai, 2014.

La infancia y la educación necesitan herramientas para entenderse. Si tu hijo se aburre en clase y prefiere estar jugando, ¿cómo le vas a convencer de que debe estudiar? Adila, la pequeña protagonista de este cuento, te ayudará. De la mano de Malala Yousafzai, Premio Nobel de la Paz en 2014, podrás explicar a tus hijos o alumnos que el colegio no es una terrible obligación sino un preciado derecho.

Yo soy Adila cuenta cómo una niña pakistaní se entristece al oír a sus padres decir que estaría más segura en casa que en la escuela. No termina de comprenderlo, ella quiere ser médico o profesora, quiere estudiar. Al notar la angustia de Adila, su profesora decide ir a hablar con sus padres y contarles la historia de otra niña que arriesgó su vida por su derecho a aprender.

Así aparece Malala que, para quien aún no lo sepa, desde su infancia creyó que debía luchar para no dejar que los talibanes decidieran quién podía asistir a clase y quién no. Fue atacada cuando tenía 15 años, cuando ya era una voz conocida en la batalla por los derechos de la infancia, pero las balas no frenaron su empeño. El día de su decimosexto cumpleaños dio un discurso en la sede de las Naciones Unidas de Nueva York.

Malala libro

Si Malala con once años pudo lanzarse a la arriesgada tarea de ayudar a un periodista, ¿qué podría pasar si todos los niños comprendiesen su importancia? En ocasiones, sobreprotegemos a los más pequeños y cerramos los ojos cuando otros de su edad se ahogan en el mar buscando una vida mejor, se convierten en niños soldado o son explotados por mafias. Tal vez ha llegado la hora de hacer nuestras sus voces y educar a las próximas generaciones para un mundo diferente.

La guerra, la cultura, la realidad y la política se mezclan en las palabras de este cuento ilustrado y se hacen accesibles para los pequeños lectores. Ir a la escuela es un privilegio que a veces corre serio peligro, pero gracias a personas valientes, incluso cuando son solo niños, podemos seguir teniendo esperanza.

Por cada ejemplar vendido de Yo soy Adila, Amnistía Internacional recibirá 50 céntimos para destinarlos a la defensa de los derechos humanos. Anna Forlati y Fulvia Degl’Inocenti nos ofrecen una preciosa obra que traspasa todas las barreras y se hace hueco en las estanterías de cualquier persona, independientemente de su género, edad o ideología.

«Dadnos bolígrafos para escribir antes de que alguien ponga armas en nuestras manos».

Contraportada Yo soy Adila

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *