¿QUÉ SIENTE UN REFUGIADO?

Presentar dantescos cuadros de desesperación para reconfortar a la  gente del primer mundo, dar vagas palabras de ánimo, mostrar fotografías cruentas a la hora de comer es lo peor que se puede hacer por una persona que huye de la guerra y tiene que atravesar países y fronteras sin ninguna protección para llegar a otro lugar donde reconstruir su vida. La música, si sirve para algo, es para hacernos sentir lo que siente cualquiera de ellos, para hacernos ver que podríamos ser nosotros. A través de varias iniciativas musicales intentamos acercarnos a este drama, preparar la empatía para actuar de verdad.

Empezamos con la Shabab radio, una emisora creada en Grecia, al calor del movimiento de los refugiados y migrantes. La emisora nació hace pocos años para dar a conocer la realidad de los campamentos  y  uno de sus programas se llama Music crossroads, en el que incluyen música para los refugiados  de sus países de origen. Una forma de acercar los orígenes a gente que se ve obligada a ser nómada, uno de los pocos espacios de liberación y normalidad que les pueden quedar.

Atravesar el mar en una barcaza jugándote la vida y la de tus hijos no debe ser una decisión fácil ni grata. El hecho de arriesgar la vida de esa manera solo puede deberse a la desesperación absoluta que sienten las personas que huyen. Joan Dausà canta Com plora el mar dentro de la iniciativa Casa nostra, casa vostra.

Este tema de Miguel Ríos cantado a capella es del festival del año pasado Mi música, tu refugio, celebrado en varias ciudades españolas, cuando la actualidad de los desplazados de la guerra era un tema candente. Esta oración, además de una letra enorme muy acertadamente elegida para la ocasión, refleja que un año después nos hemos olvidado de los refugiados, que esos cientos de miles de personas que vagan por decenas de países ya no aparecen en el telediario, y ni siquiera el arte viene a acordarse de ellos otra vez.

Refugees for refugees es una iniciativa que se mueve en Youtube en la que los propios refugiados son los que cantan y tocan sus instrumentos, en lugar de mirarlos nosotros desde el prisma occidental, son ellos los que traen la música y reivindican un arte propio. En el vídeo Husseim Rasim toca el laúd, un instrumento muy utilizado en los países árabes.

Termino este alegato a la humanidad con un niño que canta su canción favorita de Justin Bieber. Nada étnico, nada tradicional, nada religioso, ni indie, ni alternativo, solo la felicidad de un niño cantando. Ahora imaginad que el niño es de vuestra familia: hermano, hijo, primo, sobrino… Y la estampa que tiene detrás según camina, su “hogar” es un campamento provisional lleno de plásticos y barro, sin una habitación, sin una casa, sin privacidad, sin un sitio donde descansar, sin aparatos, sin casi juguetes, sin mucha comida, sin calefacción ni aire, sin saber que van a hacer con ellos, con el peligro de los traficantes, violadores y ladrones a su acecho. Esa es la vida que podría ser la vuestra. Tendríamos que hacer algo.

Pedro Aguado González
Pedro es historiador, escritor y gestor cultural. Le atraen un sinfín de géneros musicales y pasa horas buceando en el proceloso mundo virtual descubriendo grupos, canciones e historias. Ha participado en webs como Cronoviajeros o QueAprendemosHoy. Colecciona instrumentos musicales, viajes extraños y enemigos imaginarios.
Me gusta Las canciones de Antonio Vega, los cuentos de Borges y las culturas antiguas
No me gusta Lo que se crea solo para vender, el hip-hop y la economía
Pasaría una noche en vela con Sabina, Alaska, Leonor Watling, Pucho, Almodóvar y Jesús Ordovás, todos a la vez encerrados en un garito.
Una obra en la que me quedaría a vivir Blade Runner de Ridley Scott
Bigote preferido Freddy Mercury
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