¿QUÉ FORMA TIENE LA FAMA?

Fachada de la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla. Actual Universidad. Cayetano da Costa. (1755)

A lo largo de la historia del arte se ha intentando representar todo lo imaginable. Aspectos tan abstractos como los sentimientos, las emociones, los valores o los estados de ánimo. Otorgándoles un rostro y un cuerpo, a la alegría, al amor, a la envidia, a la libertad, a la justicia…Recordemos los grandes lienzos del Romanticismo o las esculturas clásicas, por ejemplo.

Perseguida y deseada por unos, odiada y aborrecida por otros, a la fama también se le concedió un cuerpo y un rostro, que no fue otro, que el de mujer, dada su condición de nombre femenino. Pero para poder representarla hace falta saber más sobre su, irónicamente, “desconocida” vida.

la fama

La existencia de la fama se remonta a la antigüedad clásica y su mitología; según la cual, era la mensajera de Júpiter, engendrada por Gea, la Tierra, para vengarse de los dioses. En Roma era “la voz pública” y el primero que se atrevió a darle forma fue Virgilio, en la Eneida, de la manera menos compasiva posible, ya que se trataba de un “arma de doble filo”. Virgilio la describe como un verdadero monstruo, poniendo de manifiesto, de manera muy gráfica, lo peligrosa que puede llegar a ser.  Define a La Fama -ya con nombre propio- como “la más veloz de todas las plagas, […] pequeña y medrosa al principio, pronto se remonta a los aires, […], rápida por sus pies y sus infatigables alas; monstruo horrendo, enorme, cubierto el cuerpo de plumas, y debajo de ellas tiene otros tantos ojos; siempre vigilantes […] y otras tantas lenguas, bocas y orejas. De noche tiende su estridente vuelo por la sombra entre el cielo y la tierra, sin que cierre nunca sus ojos el dulce sueño; de día se instala cual centinela en la cima de un tejado o en una alta torre, y llena de espanto las grandes ciudades, mensajera tan tenaz de lo falso y de lo malo, como de lo verdadero”[1].

Fuente de la Fama.Pedro de Ribera (1732) Madrid.
Fuente de la Fama.Pedro de Ribera (1732) Madrid.

Nada más lejos de la realidad. Sin embargo, la concepción de la fama siempre ha tenido un valor más positivo que negativo a la lo largo de la historia, especialmente si nos referimos a las grandes hazañas, fijémonos en Aquiles que murió por ella, por lo que se asociaría a la victoria y al éxito, que, aunque se trata de conceptos harto diferentes, en muchas ocasiones van íntimamente ligados. Este matrimonio, más o menos bien avenido, otorga a la fama un carácter más amable que va a quedar plasmado en su representación. Ese horrible engendro del que hablaba Virgilio se transforma en una joven vestida con una túnica, como la mayoría de las alegorías, pero he aquí dos rasgos que la identifican: las alas de águila y una trompeta, a veces doble, por la que proclama verdades o mentiras, que cada uno deberá identificar. Parece que el siglo XVIII la puso de moda, ya que son numerosos los ejemplos de este periodo. En Madrid, el arquitecto Ribera la hizo titular de la Fuente de la Fama, junto al Real Hospicio de San Fernando (Museo de Historia de Madrid). Otro gran ejemplo lo encontramos en la antigua Fábrica de Tabacos de Sevilla o la escultura que corona el Ayuntamiento de Pamplona, y que vemos todos los años para “San Fermín”; obviamente, mejor no pudo hacer su trabajo.

Fachada del Ayuntamiento de Pamplona de Juan Lorenzo Catalán (1756)
Fachada del Ayuntamiento de Pamplona de Juan Lorenzo Catalán (1756)

Si avanzamos hacia nuestro siglo, se aprecia un cambio de enfoque hacia la misma. Los artistas contemporáneos la incluyen dentro de trabajos sobre los comportamientos y modelos sociales actuales, tan influenciados por los medios de comunicación e instrumentos indispensables para alcanzar la cima de la fama. Destacamos la obra del artista Antonio Ortega, el cual realiza una reflexión sobre el lado más turbio de ésta, cuando se  logra simplemente por ser mediático. Presentó el proyecto Fe y entusiasmoen la Fundación Miró de Barcelona, en el que intentó buscar patrocinadores para realizar una escultura de cera de Yola Berrocal. La escultura de cera es un símbolo de excelencia entre los famosos, hay que ser realmente célebre para tener una. Para ello, realizó un vídeo, Populismo y Popularidad, en un plató de televisión en el que se entrevistó a la mismísima Yola Berrocal. La entrevista nada tenía que ver con los shows en los que estaba acostumbrada a desenvolverse sino que el artista le hace reflexionar sobre su carrera profesional y sus ascensos y descensos en el mundo de la fama.

Apreciamos aquí, una manera muy diferente de darle forma a la fama, como todo término abstracto, el abanico de posibilidades es inmenso. Hoy en día, es fácil relacionarlo por ejemplo con el dibujo de una estrella, pensemos en el paseo de la fama de Hollywood, con el dinero, estamparse la cara en un billete y por supuesto, con el deporte, bueno, concretemos, con el fútbol para los que la Fama trae mucho más que una trompeta.

¿Y para ti, qué forma tiene la fama?

 

[1] Virgilio, La Eneida,  pág.81

 

Teresa López Flores
Teresa es historiadora del arte y seguidora habitual de todas las ramas de la cultura independiente nacional. Ha trabajado en un sitio tan postinero como el Louvre de París y tiene una sensibilidad particular con el arte contemporáneo. Le hemos pedido que no hable de la aquiescencia kuhniana de los subterfugios freudianos del arte conceptual pictográfico. Por vuestro bien.
Me gusta El verde de los rostros de Kirchner y el de las medias de Irma la Dulce
No me gusta El doblaje de las películas europeas
Pasaría una noche en vela con Linda Nochlin
Una obra de arte en la que viviría En el Siddhartha de Herman Hesse
Bigote preferido el del Capitán Garfio

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