“Las cosas son, o no son como son. El color del día, la percepción de sentirse niño, el contacto del agua salada con las piernas quemadas por el sol. Unas veces el agua es amarilla, otras veces roja, pero el color que se aloja en el recuerdo, depende del día. No voy a contar la historia al pie de la letra, la contaré como yo la recuerdo.”

Grandes esperanzas

Si hay algo que recuerdo como una constante en mi vida es la estrecha relación que he mantenido siempre con el teatro. Me vienen a la mente pequeños montajes en los que ya desde mi etapa escolar participé, entre otros, “Ganas de reñir”, un maravilloso entremés de los Hnos. Álvarez Quintero. Si siempre estuvo conmigo cómo reconocer ese preciso instante en que supe que ya nada me iba desligar del teatro. ¿Cómo distinguir en qué momento el teatro pasó a convertirse en la relación más estable y duradera que jamás he sabido mantener con nadie?

    Todo comenzó un 21 de Septiembre de 1994. Mi madre, amante de la zarzuela, decidió llevarnos a mi hermana y a mí a ver “La verbena de la Paloma” al teatro Pérez Galdós. No podíamos permitirnos acomodarnos en ningún palco, ni mucho menos en el patio de butacas, así que con los escasos recursos económicos de los que disponía acabamos ubicadas en el gallinero.

Teatro Pérez Galdós

De los días previos tengo muchos sentimientos de rechazo y enfado. No entendía lo que iba a ver y recuerdo haberle hecho algún comentario a mi madre como: “No quiero ver eso, menudo rollo”.

   Llegó el día y casi a rastras subimos al gallinero. Desde el primer instante quedé hipnotizada con el teatro, no sé qué pudo pasar, pero toda la apatía con la que iba se esfumó. Los palcos estaban engalanados con mantones de Manila, el público había sacado las mejores galas de sus armarios para recibir, entre otros, ni más ni menos que al mismísimo Alfonso del Real. Con una ausencia total de conocimientos sobre el género que iba a ver, teniendo en cuenta la ovación que se le hizo a la función y tras la lectura posterior de lo que dijo la prensa entonces me atrevería a afirmar que fue una función redonda.

Sin duda alguna ese y no otro fue el día que marcó un antes y un después, porque desde entonces me convertí en una espectadora voraz de todo lo que llegaba a la isla.

La verbena de la Paloma

Con el paso del tiempo, me instalé en Madrid. Primero llegaron los montajes más comerciales de la Gran Vía (incluidos los musicales). Poco a poco me fui adentrando en el circuito Off de la escena madrileña, imposible no mencionar los ratitos vividos tras las funciones de Garaje Lumiere, una sala que como muchas otras desaparecieron por el escaso interés de las administraciones en facilitar el acceso a la cultura. Por suerte, nos queda la magia de nuestra memoria para hacerla resucitar siempre que queramos. Parafraseando a Alberto Conejero “Nadie desaparece del todo” y Garaje Lumiere tendrá siempre un huequito dentro de mí le pese a quien le pese.

Ahora vivo la era de los #tuiteatreros en palabras de Marcos Ordóñez, “ese grupo entusiasta que hace excursiones, a veces ultramarinas incluso, para ver el mejor teatro” pero esa es otra historia que tendrá cabida en algún otro post.

Imagen de portada del Teatro Pérez Galdós vía:  www.auditorioteatrolaspalmasgc.es/teatroperezgaldos/es/ (09/11/2015)

6 comentarios

  1. Mis comienzos fueron a los 7 años en un espectáculo de antología de la danza española, también me llevó mi madre. Yo estaba deseando ir, llevaba tiempo pidiéndole que me llevase al teatro y ella siempre me decía que lo haría cuando hubiese un espectáculo adecuado.
    Me encantó. A la semana siguiente fuimos a una Antología de la Zarzuela.

    Pero creo que mi amor por el teatro ya estaba ahí desde antes, siempre tuve curiosidad y ganas de ir.
    Casi 29 años después mi amor por el teatro, las artes escénicas y los espectáculos en directo sigue intacto o quizá sea incluso mayor.
    Como le escuché una vez a Lola Herrera: “El amor por un amante pasa con el tiempo, por el teatro no”.
    Sobre todo veo teatro más bien comercial porque no tengo la suerte de estar en Madrid donde la oferta es mucho mayor, me quedo con ganas de ver muchas cosas que no llegan hasta mi entorno pero aún así, el teatro es mi gran pasión y creo que siempre lo será.

    1. Author

      ¡Qué bonita tu historia también! No importa que lo que veas sea comercial porque no deja de haber un trabajo detrás de cada montaje. Cuando visites Madrid,estaré encantada de recomendarte algún montaje del circuito Off :))

  2. Dedicaba un famoso ” bigote” …. ” a los que buscan aunque no encuentren, a los que avanzan auque se pierdan…a los que viven aunque se mueran… ” a este blog cargado de buenas sensaciones… a los comienzos… a este comienzo… “mucha mierda” como se diría entre bambalinas… Buen post o cómo de un rechazo surge una adicción…
    Sólo un apunte… si me lo permites… nunca hubo ni habrá un bigote como el de mi Abuelo. 😉

    1. Author

      ¡Muchas gracias por el comentario!Ese bigote me suena, el de mi admirado Benedetti. Solo te advertimos que esto es, ni más ni menos, que el comienzo de una gran revolución cultural y nos encantará que formes parte de ella.
      No me queda ninguna duda de que tu abuelo debió tener un ilustre bigote.:))

  3. La verdad que has logrado despertar en mí un interés por un mundo que desconozco. Tus palabras hacen que uno imagine y sienta que está viviendo esos momentos contigo. Termino diciendo que sin duda es un gran comienzo.

    1. Author

      ¡Muchas gracias por tus palabras! :))

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