LOS PRIMEROS VIAJES ESPACIALES

El espacio fue durante siglos el gran desconocido para la especie humana. El siglo XX pasará a la historia por haber sido testigo del paso del ser humano a los cielos en la figura de viajeros que pusieron rumbo al oscuro firmamento. Desde Armstrong hasta el último satélite Juno hacia Júpiter, te contamos cómo empezó todo.

Al  humano siempre le atrajo peligrosamente lo desconocido. Los griegos y fenicios se aventuraron al otro lado del Mediterráneo para saber qué había allí. Los romanos fueron más allá del Norte del Imperio, Marco Polo a tierras remotas del Oriente y los navegantes modernos buscaron nuevas rutas hacia las Indias y el nuevo continente. En la Edad Contemporánea, cuándo ya todo el planeta había sido descubierto, el ansia humana de explorar lugares vírgenes y encontrar nuevas tierras le llevó a mirar hacia arriba y dirigir su esfuerzo a explorar los cielos.

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Así es como entrado el siglo XX, en los felices años veinte,  empezó a plantearse de forma real la posibilidad de viajar al espacio exterior, más allá de la atmósfera. Evidentemente este fue el primer objetivo: llegar afuera. Julio Verne, Plutarco, Cyrano de Bergerac o Wells  habían creado historias sobre viajes a la luna o al espacio exterior. Sus sueños literarios los convirtieron en los padres de la ciencia-ficción, pero los verdaderos artífices fueron ingenieros y físicos. Oberth, Potocnik y otros comenzaron a teorizar sobre la posibilidad de lanzar cohetes al espacio. La II Guerra Mundial, con sus deseos de avance militar y desarrollo armamentístico, sería el caldo de cultivo perfecto para impulsar la aeronáutica.

LA CARRERA HACIA LA LUNA

En este contexto de plena guerra, el cohete A4 alemán (1942) se convirtió en el primer proyectil humano que alcanzaba el espacio, dando el pistoletazo de salida a la carrera espacial, primero entre alemanes y americanos. Una vez clausurada la IIGM serán los soviéticos quienes cogiesen el testigo de los alemanes para disputar los triunfos a los estadounidenses.

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El Proyecto Mercury, primer programa de viajes espaciales de EEUU

En 1957 la URSS lanzó al espacio el Sputnik, el primer satélite que alcanzaba una órbita alrededor de la Tierra. El Sputnik supuso el orgullo de los soviéticos y el terror de la inteligencia de EEUU.  Un año más tarde el presidente Eisenhower envió su mensaje de navidad a través de SCORE, el primer satélite de comunicaciones. Los avances en esta carrera se iban sucediendo. Las moscas de la fruta se convirtieron en los primeros seres vivos terrestres en ser enviados al espacio, luego vinieron la perrita Laika, otros canes, tortugas y hasta chimpancés.

Los viajes al espacio tuvieron dos caras divididas por la Guerra Fría, y este se hizo más evidente en los viajes tripulados, cuando se comenzaron a enviar cosmonautas (URSS) y astronautas (EEUU). Yuri Gagarin fue el primer ser humano en alcanzar el espacio exterior en la Vostok en abril de 1961. La URSS fue también la primera en llevar dos personas de forma simultánea (1962), en llevar a una mujer al espacio, Valentina Tereshkova (1963), y en hacer viajes espaciales sin trajes especiales. Leonov fue el primer viajero en dar un paseo espacial, aunque su hazaña casi acaba en tragedia por varios errores de cálculo. La URSS tenía entonces la hegemonía sobre los cielos y aunque EEUU igualaba sus logros, siempre lo hacía algo más tarde.

Los tripulantes del Apolo 11, Armstrong, Aldrin y Collins
Los tripulantes del Apolo 11, Armstrong, Aldrin y Collins

EEUU estaba centrada en su programa Apolo con el envío de distintas misiones tripuladas que lograran alunizar. El 20 de julio de 1969 Armstrong, Aldrin y Collins alunizan firmando uno de los mayores saltos cualitativos de la humanidad: la primera vez que las personas caminaban sobre otro cuerpo celeste que no fuera nuestro planeta. Armstrong pasará a la posteridad al decir:  “It’s one small step for [a] man, one giant leap for mankind “.  Aunque las teorías de la conspiración son muchas y muy documentadas, las evidencias apuntan a que Armstrong dejó la primera huella en la Luna realmente.

VIAJAR A OTROS PLANETAS

Desde entonces el programa lunar decayó, probablemente por la desolación de recursos en nuestro satélite y los elevados costes de enviar misiones tripuladas. El siguiente paso era viajar a otro planeta. El gran candidato era el que se encontraba más cerca: Marte.

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El cráter Victoria de Marte fotografiado por el Curiosity

Marte comenzó a brillar en la mente de científicos y aeronáuticos desde la misma Guerra Fría. Desde los años cincuenta se diseñaron distintos proyectos de viaje tripulado, de los que ninguno vio la luz. En el año 1997 se posó por primera vez una sonda en el planeta rojo, la Mars Pathfinder. Años después el Mars Exploration Rover o el Curiosity han ido aportando datos que sugieren que hubo agua en la superficie del planeta, quizás vida, como apuntan algunos patrones de carbón y otras materias con estructuras celulares.  En el mundo aeroespacial hay dos corrientes presentes: una aboga por crear un establecimiento permanente en la Luna, la otra propone ir directamente hacia Marte. Sea cual sea la vía elegida es probable que nuestra generación o la siguiente sea testigo de esta hazaña, humanos pisando Marte o humanos viviendo en la Luna.

El salto desde la estratosfera de Baumgartner,  el alunizaje de la Agencia Espacial China, el establecimiento del satélite en órbita Juno alrededor de Júpiter en el pasado mes de julio son los últimos hitos de una carrera que acaba en el espacio exterior. ¿Quién sabe dónde acaba la ciencia-ficción y empieza nuestro futuro?

Pedro Aguado González
Pedro es historiador, escritor y gestor cultural. Le atraen un sinfín de géneros musicales y pasa horas buceando en el proceloso mundo virtual descubriendo grupos, canciones e historias. Ha participado en webs como Cronoviajeros o QueAprendemosHoy. Colecciona instrumentos musicales, viajes extraños y enemigos imaginarios.
Me gusta Las canciones de Antonio Vega, los cuentos de Borges y las culturas antiguas
No me gusta Lo que se crea solo para vender, el hip-hop y la economía
Pasaría una noche en vela con Sabina, Alaska, Leonor Watling, Pucho, Almodóvar y Jesús Ordovás, todos a la vez encerrados en un garito.
Una obra en la que me quedaría a vivir Blade Runner de Ridley Scott
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