LOS COMIENZOS DE LAS EXPOSICIONES TEMPORALES

arte, exposiciones

El ambiente cultural occidental incluye como producto estrella de su catálogo: las exposiciones temporales. Con la llegada del otoño los grandes museos cambian sus carteles con la última tanda del ciclo de exposiciones del año. Madrazo, por Picasso en el Prado; Munch, por Zurbarán en el Thyssen y Nareen Mohamedi, por Ree Morton en el Reina Sofía; ejemplos de las más grandes y mediáticas del año dado el nivel de la institución que las ampara. Sin embargo, esta situación es extrapolable a cualquier pequeño centro cultural, galería o sala de exposiciones. El comienzo del nuevo curso y la vuelta a la rutina laboral de muchos, requiere una buena dosis de frescura y novedad en el ambiente cultural de las ciudades. La cartelera de los cines, las obras de teatro, todo se renueva, y los museos lo hacen, por supuesto, a través de las exposiciones temporales.

Según la doctora Blasco Esquivias[1], las primeras manifestaciones de exposiciones temporales de carácter artístico, las podemos encontrar en el siglo XVIII veneciano en la exhibición pública de tesoros privados, destinado a un público culto y minoritario, pero con un gran éxito publicitario, que ya en el siglo XIX sería copiado por los grandes museos e instituciones culturales. Los temas centrales serían los grandes maestros y periodos artísticos de la Historia del Arte, tal y como se sigue realizando en la actualidad, porque indudablemente, una exposición de Rembrandt o de Egipto continuará generando kilométricas colas, por muchas veces que se repitan. También hay que destacar las de carácter conmemorativo, que presenta la misma vigencia que entonces. Francis Haskell en su obra póstuma El museo efímero, analiza toda la evolución de este tipo de exposiciones.

Colas para la Exposición temporal de Dalí en el MNCARS

Por supuesto no se puede dejar de mencionar a las Exposiciones Universales como antecesoras de la exposición temporal, ya que éstas últimas tomarían características propias de las primeras, tales como el carácter de evento multitudinario y excepcional, la gran inversión económica y  una preparación detallada y minuciosa. Las Exposiciones Universales también impulsaron el gusto por lo moderno y lo actual  ante la mirada conservadora del público burgués que acudía a estos eventos, además, propició la democratización de las exhibiciones artísticas al fomentar su consumo masivo por parte de un público no especializado.

El fenómeno social en el que se convirtieron no pasaría desapercibido ante los ojos del Estado y se utilizaría para campañas institucionales como propaganda gubernamental. En España, especialmente durante la Transición, se utilizaron para potenciar la identidad nacional; el mismo ejemplo siguieron las diferentes Comunidades Autónomas que reivindicarían sus diferencias identitarias.

La Iglesia no se ha mantenido ajena a semejante fenómeno, y, aunque recientemente, ha decido explotar su magnífico patrimonio, y lo ha hecho de la manera más exitosa con un programa de exposiciones temporales, que desde su primera edición no ha dejado de celebrarse anualmente en diferentes sedes castellanoleonesas, con una asistencia de público sorprendente. No es otra que las Edades del Hombre, ejemplo de triunfo turístico.

Sería a partir de la década de los 70 cuando surgirían las exposiciones como “bombas rompedoras” de los blockbusters, exposiciones de éxito asegurado que generan la necesidad de ir a verlas a un público de lo más diverso, ya que se ha sabido fusionar el contenido elitista con un carácter popular.

En la actualidad las exposiciones temporales, ya sean de los grandes museos, de los centros y ferias de arte contemporáneo o de las galerías, suponen el contacto entre el artista y el público, y resultan especialmente relevantes dentro del mundo del arte actual por su importante actividad divulgadora y su contribución a la difusión del patrimonio.

[1] BLANCO ESQUIVIAS, Beatriz, Las Exposiciones Temporales: Presente, Pasado y Futuro

Imagen de Exposición Universal de 1889, George Garen

Teresa López Flores
Teresa es historiadora del arte y seguidora habitual de todas las ramas de la cultura independiente nacional. Ha trabajado en un sitio tan postinero como el Louvre de París y tiene una sensibilidad particular con el arte contemporáneo. Le hemos pedido que no hable de la aquiescencia kuhniana de los subterfugios freudianos del arte conceptual pictográfico. Por vuestro bien.
Me gusta El verde de los rostros de Kirchner y el de las medias de Irma la Dulce
No me gusta El doblaje de las películas europeas
Pasaría una noche en vela con Linda Nochlin
Una obra de arte en la que viviría En el Siddhartha de Herman Hesse
Bigote preferido el del Capitán Garfio

One thought on “LOS COMIENZOS DE LAS EXPOSICIONES TEMPORALES

  1. “Le hemos pedido que no hable de la aquiescencia kuhniana de los subterfugios freudianos del arte conceptual pictográfico”
    ¡Uf! ¡Menos mal!

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