LA VERDADERA CALLE SE VIVIÓ EN LOS 80. STREETS OF RAGE.

“Beat’em up” en estado puro.

   A finales de los 80 y principios de los 90 se llenaron las recreativas de un tipo de juego que representaba lo más fielmente posible el ambiente reinante, por aquella época, en las salas de cine: las películas de acción. Jungla de Cristal, Terminator, RoboCop, Depredador, Arma letal… Y un largo etcétera inspiraba a creadores del mundo de los videojuegos a hacer obras que transmitieran lo mismo que esos largometrajes. Y eso hicieron, el género “Beat’em up” o da mamporros a diestro y siniestro nos encandiló desde el primer puñetazo.

   Y cuando pienso en la calle el juego que me viene a la mente es el gran Streets of Rage. Nacido de la mano de Sega en 1991 que estaba viviendo su mejor época con su consola Sega Mega Drive (Genesis en el mercado americano) y primero de una colección de tres aventuras. Aunque en mi opinión, el primero es el mejor.

   El juego tiene una historia básica, pero no hace falta más para dar puñetazos. Ciudad peligrosa, mafiosos que han tomado el control y solo tres personas que pueden detenerles, nuestros protagonistas:

Elección de personajes.
Elección de personajes.

   Con un sistema de juego ideal para recreativas nos permitirá jugar a dobles y elegir entre tres personajes. Como se ve en la imagen los perfiles son muy prototipo de comienzos de los 90.

   Deberemos ir recorriendo las calles e ir derrotando enemigos por los diversos escenarios que cada vez se vuelven más y más complejos. Al final de cada escenario nos aparecerá un malo maloso final con capacidades poco habituales: un hombre orondo escupe fuego, otro maestro del boomerang, dos chicas acróbatas, etc. Todo esto relleno de personajes secundarios que nos irán complicando la vida en nuestra aventura.

Ejemplo de dos enemigos. Malabarista y mujer del látigo.
Ejemplo de dos enemigos. Malabarista y mujer del látigo.

   Éstos últimos nos van mostrando, de forma exageradísima claro, la forma de ver las tribus urbanas y habitantes callejeros de la época. Al menos la visión que se mostraba en el cine: mujeres exuberantes con vestimentas que dejaban ver su figura aunque sin mostrar nada y con artes más de un circo que de marciales; hombres malabaristas de antorchas y hachas o dominantes de técnicas de lucha existentes pero tergiversadas por la todopoderosa Hollywood y escenarios salidos de los rincones más oscuros de la vieja Nueva York.

   Es interesante admirar la habilidad de los creadores que para ahorrar recursos nos ponen a los mismos personajes una y otra vez pero con diferentes matices como el color de la ropa y el objeto que portan que no hacen otra cosa que advertirnos en cuanto al nivel de dificultad o a la forma en que debemos atacarles para vencerles.

Primer "jefe" del juego al finalizar la primera pantalla.
Primer “jefe” del juego al finalizar la primera pantalla.

   El control, ideal para jugar con los controles clásicos de recreativa de joystick y tres botones, nos permite movernos por el escenario en un falso 2.5D para ir avanzando de izquierda a derecha siempre y jugar con la profundidad del escenario. Podremos saltar, usar una habilidad especial que matará a todos los enemigos en pantalla o atacar. Con este último hay una variedad de movimientos desde la secuencia de golpes encadenados a las llaves pasando por el lanzamiento de objetos. Sí, podremos recoger objetos del suelo, escondidos debajo de elementos destruibles o incluso dejados por los enemigos como botellas, navajas, tuberías, etc. También nos encontraremos con alimentos que nos recargarán la barra de vida, vidas extra o habilidad especial adicionales para usarla en más ocasiones.

   El juego por cierto tiene una dificultad acorde con la época, mucha. No quiero pensar como sería jugarlo en recreativa. De ahí lo lucrativo del negocio de la época claro.

   Algo curioso es el final. Nos dejarán elegir cómo queremos concluirlo. Cosa no muy habitual en esos años. Aunque con muchos matices porque es una pregunta trampa como vemos si lo terminamos. La parte interesante de verdad reside al jugar a dobles en donde si cada uno toma decisiones diferentes podremos llegar a pelear entre nosotros.

Jefe final. Elección antes de luchar contra él.
Jefe final. Elección antes de luchar contra él.

   Streets of Rage es un videojuego “old school” para pasar una tarde muy entretenida, si es en compañía mejor, disfrutando sin preocupaciones pulsando los botones sin parar.

   Pero, ¿si son tan entretenidos dónde se han metido los “beat’em up”? La llegada del 3D y los juegos online hicieron de este género algo condenado a morir. Morir o evolucionar. Parece que se decantaron más por esta segunda opción. Aunque no vemos ya nada de este estilo tal cual a lo largo de los últimos años hemos visto claros sucesores directos como es el caso de The Warriors, de la época de PS2 y basado en la película homónima que se podrían tratar como un beat’em up en tres dimensiones. Pero a donde claramente ha ido a parar el jugador de este tipo de juegos es a los juegos en acción modernos y con mecánica muy similar como el caso de la saga God of War o Castelvania: Lords of Shadow ahora conocido este género de juegos de acción en tercera persona como Hack and slash.

"Cinemática" del final del juego.
“Cinemática” del final del juego.
Damián
Damián es un apasionado de saber cosas y construir mundos con ellas. Es un friki homologado oficialmente y con conciencia de serlo. Diestro en la tecnología, la electrónica y los videojuegos, conoce los más intrincados bits a los que nadie ha llegado. Le atraen también el cine, el cómic y otras artes, y las historias que rodean a cada una de esas ideas.
“El Bigote is coming. Ven al lado peludo de la fuerza”, ha dicho.
Me gusta Cualquier entretenimiento audiovisual, el potencial humano y sus grandes obras, todo el saber...
No me gusta Las redes sociales, el "autoengaño", ir de compras.
Pasaría una noche en vela con Leonardo Da Vinci, Thomas Alva Edison, Mohandas Karamchand Gandhi; y cualquier gran persona que haya marcado nuestra historia, tengo mucho que preguntarles. Y con "El Gran Bigote" claro.
Una obra en la que me quedaría a vivir Matrix, siempre. ¿No vivimos allí ya?
Bigote preferido El de José María Íñigo en los tiempos en los que solo estaba TVE.

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