LA PASIÓN ENTRE EL ESPLENDOR Y LA MISERIA, CATULLE MENDÈS

La edición de Ardicia Editorial de Monstruos parisinos nos trae de vuelta al autor Catulle Mendès, nacido en 1841, que durante su vida buscó su pasión entre todos los géneros literarios para que ahora podamos disfrutar de su maestría con las palabras, la misma genialidad que muchos le han negado. 

«A fuerza de soñar o de observar, a fuerza de estudiar, de analizar en nosotros y fuera de nosotros todos los sentimientos y todas las pasiones, de acechar en ellas la eclosión, de seguir su desarrollo y su decadencia, de consignar en nuestra memoria las actitudes que producen y el lenguaje que inspiran, hemos destruido en nosotros, definitivamente, la facultad de las emociones ingenuas, el poder de ser, con sencillez, felices o desgraciados».

El París decimonónico está llegando a su fin y podemos revivirlo siguiendo a lo largo de veinte fascinantes relatos a unos personajes que oscilan entre el aristocrático refinamiento y la oscuridad de las calles empobrecidas. Unos intérpretes cargados de pasiones, desenfreno y desesperación. Unos se destrozarían la vida por amor, otros se obsesionan con la vida entre bambalinas. Vemos actrices que luchan por hacerse un hueco en el escenario mientras que otras sienten que su juventud se marchita y su fama se apaga como si se tratase de bajar el telón de sus éxitos. Hombres que matarían por una auténtica femme fatale del París de la época y mujeres que olvidarían sus escrúpulos si el guion de la vida lo exigiera. Pasamos las páginas y con ellas vamos de máscara en máscara en una sociedad apasionada donde la elegancia y la perversión, la decadencia y la mundanidad, son los papeles esenciales a interpretar en la existencia. Escritores, prostitutas, actores, amantes, ricos y pobres, son algunos de los rostros de esta ciudad, a los que Catulle Mendès acertó en llamar Monstruos parisinos.

«¿Pues estás seguro, tú, París, que durante cien veladas has ido a aplaudir la fealdad y adorar la podredumbre?, ¿estás bien seguro de no parecerte a este monstruo? Esta es la enseñanza de este cuento».

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Lo bueno de esta obra es que nos enseña la pasión desde todos sus ángulos, con innumerables puntos de vista. Y es que los humanos somos únicos y a la vez iguales en nuestros deseos y exigencias. Es difícil comprender una época sin tratar de empatizar con el sentir de su sociedad y creo que ese puede ser el perfecto objetivo para una lectura de estos relatos. Por otro lado, tengo que decirlo, la portada me sedujo desde el primer momento y creo que capta a la perfección la esencia de la obra. Aunque siempre diremos que no hay que juzgar un libro por su portada, creo que en este caso se trata de una ventana que nos acerca a los increíbles transeúntes que representa. Esta vez os invito a que busquéis la portada parisina en su catálogo en vez de mostrar una foto. Intentad mirar sus ilustraciones sin leer los títulos, así adivinaréis cuál es la que os invita a conocer la pasión de una época ostentosa y a la vez en declive.

«La pasión que le invadió fue tan franca y tan calurosa que ese muerto resucitó, ¡cómo si le hubiesen transfundido en las venas toda la sangre viva y pura de un hombre joven! Estupefacto y encantado con la existencia, al salir del teatro se dio cuenta de la frescura del viento y de que las estrellas sonreían pensativas y encantadoras como los ojos de una joven».

Lo malo es que mucha gente no quiere darle una oportunidad a obras escritas hace tanto tiempo, salvo que sean clásicos arraigados. Es una lástima que libros así pasen desapercibidos en el mercado y que se vean ensombrecidos por el estigma de no ser publicados por una gran editorial. A veces resulta complicado sacarse de la cabeza un título solo por el bombardeo constante de verlo en los escaparates, en la publicidad y en las manos de la gente en el transporte público. Y es que resulta toda una hazaña ir contracorriente en un mundo abarrotado de superventas, el best seller tiende a dominarlo todo. No es que sean mejores ni peores, simplemente no están en igualdad de oportunidades y no puedo evitar frustrarme al saber que grandes autores no consiguen publicar, que miles de obras ingeniosas caen en el olvido y otras ni siquiera llegan a ver la luz.

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Las pequeñas editoriales, con su carácter independiente y atrevido, merecen un reconocimiento que no tienen, porque su trabajo es luchar contra un gigante que nunca será solo un molino de viento. Por eso, hoy quiero que los Monstruos parisinos de Catulle Mendès nos acerquen a quien ha decidido ponerlos en circulación, la prácticamente recién nacida (2013), Ardicia editorial.

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Ardicia es una editorial madrileña independiente que eligió su nombre basándose en su definición pasional (ardicia. f. ant. Deseo Ardiente o eficaz de algo). Dicen de sí mismos que sienten el «deseo ardiente de publicar, por primera vez en español y en cuidadas traducciones, obras fundamentales en sus literaturas de origen; de rescatar, para su reedición, títulos imprescindibles que no encontraron en su momento la merecida atención». Quieren que su catálogo esté diseñado con esmero, cuidando tanto las ilustraciones como la impresión.

No puedo estar más de acuerdo con ese deseo de traer a la vida, cual Frankenstein, obras que han pasado desapercibidas. Me parece una labor muy interesante y espero que puedan llevarla a cabo durante muchos años. He de decir que aunque soy más de ediciones en cartoné, tapa dura, me gustan sus libros en rústica. La idea de que todo el catálogo siga la misma línea, de que estén cosidos en lugar de pegados (porque, queridos lectores, hay muchos libros de tapa blanda que se basan en el pegamento, triste y poco duradero) y, lo más importante, que hayan querido que su papel sea solo de bosques sostenibles, para mí es garantía de amor por los libros y pasión por crear algo que merezca un lugar privilegiado en nuestras estanterías.

Para terminar os diré que ya le he echado el ojo a un par de obras más de esta editorial que tienen muy, pero que muy buena pinta: En lo alto de la torre (1985), Albert Robida, y Quien así te ama (1959), Edith Bruck. Y vosotros, ¿habéis echado ya un ojo a su catálogo?

Ángela Pacheco
Ángela es bibliófila por naturaleza y por formación, conoce todo lo que rodea al mundo del libro, desde la portada hasta el punto final. Seguro que el libro que tienes entre manos ya ha pasado por las suyas. La música, el cine y el turismo se cruzan también en su universo interior dando forma a una visión muy particular de todo lo que lee.
Ha dicho que está decidida a ganarse la vida con su pasión, el mundo de las letras. Aceptamos donaciones para ayudarla. Ya sabes a quién acudir si necesitas un corrector especializado o una aprendiz de escritora.
Me gusta el cine más bizarro de serie z, las descripciones apasionadas en las páginas de cualquier libro, Gustav Klimt y la lluvia, sobre todo... la lluvia.
No me gusta la estupidez humana y vivir en un mundo donde lo que se nos enseña de pequeños no se respeta de mayores (compartir, respetar los turnos de palabra...).
Pasaría una noche en vela con Ed Sheeran, Ray Bradbury y con el líder de una secta o institución religiosa con el que poder discutir pacíficamente.
Una obra en la que me quedaría a vivir La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón, podría pasarme la vida recorriendo los pasillos del Cementerio de los libros olvidados.
Bigote preferido El de Davy Jones del Holandés Errante y, sin lugar a dudas, todos los que participan cada año en el movimiento Movember.

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