LA ILUSTRACIÓN ROMÁNTICA DEL QUIJOTE: GUSTAVE DORÉ

Nuestro sabio refranero español recoge el proverbio, no poco conocido y por muchos utilizado: una imagen vale más que mil palabras. En materia de refranes puede haber un mayor o menor consenso, aunque éste precisamente suele gozar de gran apoyo. Sin embargo, cuando las palabras proceden de la pluma de don Miguel de Cervantes se ha de poseer mucha audacia para tratar de crear unas imágenes que, ya ni mucho menos pretendan superarlas sino únicamente, intenten no acabar aplastadas por el peso de tan gigantes vocablos. Y precisamente son los gigantes, los de Don Quijote los que diferentes artistas de toda índole han plasmado en imágenes sobre los más variados soportes y técnicas, utilizando como fuente de inspiración el personaje cervantino. Picasso, Dalí, Julio González y un larguísimo etcétera retrataron al ilustre caballero y  su fiel escudero Sancho. Pero también ha habido intentos de ilustrar la novela completa ya que resulta tentador la representación en imágenes de tan valerosa acción – la de Cervantes y la de Alonso Quijano- .

Destaca, entre los osados a poner cara a estas palabras, el francés Gustave Doré, artista romántico que se embaucó en la hazaña de realizar los grabados que ilustran determinadas ediciones de la obra, a la que, ya voluminosa,  “solo” le añadió 370 ilustraciones que no tienen desperdicio.

Batalla con los molinos de viento
Batalla con los molinos de viento

Las diferencias de los dos siglos y medio que separan texto e imágenes son más que evidentes, sin embargo gracias a ello ofrece una doble lectura del Quijote: la nuestra y la de Doré, enriqueciendo aún más –si se puede- el relato.

El contexto de Cervantes, pleno Siglo de Oro, con Lope en los teatros, Góngora y Quevedo. Velázquez, Zurbarán, Ribera y Murillo en la pintura, Berruguete, Gregorio Fernández y Martínez Montañés en la escultura… Una explosión cultural marcada por una serie de personajes que ha sido irrepetible. Mientras, el esplendor del Imperio español se iba oscureciendo a medida que avanzaba el siglo XVI y entraba el XVII: contrarreforma, desigualdades sociales y guerras que exprimían a la población y a las arcas del Estado. Esa fue la España que vivió Cervantes, tumultuosa como la suya propia, y que plasmaría en el Quijote disfrazada bajo la máscara del humor y la ironía.

Una España muy diferente sería la que conocería Gustave Doré en 1855. Vista desde Europa como territorio exótico, nuestro país fue visita obligada de los viajeros del romanticismo. Un lugar pintoresco y salvaje en el que Doré buscó los tipos que describía Cervantes dotándolos de ese aire sublime e inconfundible del movimiento romántico; y es que el siglo XIX dio una visión simbólica de la novela en contraposición a la visión cómica y burlesca hasta entonces otorgada. Así Don Quijote  se convierte en símbolo de bondad y del sacrificio solidario. Sus palabras adquieren un trasfondo que hacen mella y duelen. Esta nueva interpretación de la novela queda patente en las ilustraciones de Doré para el que el personaje de Alonso Quijano se adecua a la perfección al ideal romántico. Fue tema muy recurrente en este movimiento: la locura, el tormento de pesadillas, brujas y monstruos en la mente humana, solo recordar a Goya, Blake o Füssli. Y así comienza Doré: con un Don Quijote rodeado de su propia locura con dragones, caballeros y princesas que inundan su realidad.

Don Quijote leyendo novelas de caballerías
Don Quijote leyendo novelas de caballerías

Nuestro caballero se lanza a la aventura cabalgando a lomos de Rocinante sobre un campo yermo de cardos – que bien familiar nos resulta a los castellano manchegos-  perseguido por sus futuras aventuras que se manifiestan a modo de Sueño de Ossian de Ingres.

Primera salida de Don Quijote

Los contrastes lumínicos y las brumas son una constante adquiriendo en algunas de las escenas un papel preponderante el paisaje, entendido como expresión de la emoción humana. Rocas escarpadas, árboles secos y sinuosos de bordes puntiagudos que nos hacen pensar que en cualquier momento Don Quijote y Sancho se van a topar con el Caminante ante un mar de niebla de Friedrich.

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Don Quijote pensando en Dulcinea

Sabemos que, en buena parte sus aventuras, nuestro caballero acaba con unos cuantos palos a las costillas, las más famosa de ellas atestada por las aspas de un molino. En su mayoría, estos violentos episodios van asociados al movimiento y el tumulto tomado del barroco por los románticos, reinando el caos y la confusión. Ni el pobre Rocinante se libra de los garrotazos. Composiciones piramidales, que suele culminar la figura del hidalgo, es fácil ver una Balsa de la Medusa o una Muerte de Sardanápalo de cuerpos retorcidos en este tipo de escenas.

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Pelea con los gallegos

Las consecuencias de tales reyertas quedan bien plasmadas en las imágenes más precisas de los rostros de nuestros protagonistas, de gran realismo frente a la representación caricaturesca de ciertos individuos.

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Don Quijote recuperándose de las heridas.

De este modo, las detalladas ilustraciones  -en consonancia con el texto- ofrecen la visión romántica de la obra, un Quijote triste pero digno, entremezclado entre los más variados personajes que merecen una lectura tranquila.

Dada la popularidad de las mismas son muy fáciles de encontrar en  la web y la propia Biblioteca Nacional las tiene digitalizadas. Las ilustraciones de Doré – no solo las del Quijote- tuvieron una gran repercusión en el imaginario visual del siglo XIX extendiéndose al XX, su modernidad repercutiría en el cómic y en el lenguaje cinematográfico por lo que bien merece compartir texto con nuestro gran genio de la literatura y que aprovechando la efeméride que se nos brindaba en este IV Centenario de su muerte hemos pretendido recordar.

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Don Quijote y Sancho Panza
Teresa López Flores
Teresa es historiadora del arte y seguidora habitual de todas las ramas de la cultura independiente nacional. Ha trabajado en un sitio tan postinero como el Louvre de París y tiene una sensibilidad particular con el arte contemporáneo. Le hemos pedido que no hable de la aquiescencia kuhniana de los subterfugios freudianos del arte conceptual pictográfico. Por vuestro bien.
Me gusta El verde de los rostros de Kirchner y el de las medias de Irma la Dulce
No me gusta El doblaje de las películas europeas
Pasaría una noche en vela con Linda Nochlin
Una obra de arte en la que viviría En el Siddhartha de Herman Hesse
Bigote preferido el del Capitán Garfio

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