JUANA LA LOCA, ¿OBSESIÓN O POLÍTICA DE ESTADO?

    Juana I, reina de Castilla, de Aragón, Navarra, de los reinos mediterráneos de Mallorca, Nápoles, Sicilia y Valencia, y de los reinos de las Indias, hija de los Reyes Católicos y madre del emperador Carlos V, apodada hasta el fin de los días como “la Loca”.

     Si hay algún personaje de nuestra historia marcado popularmente por la historia de una obsesión esta es la reina Juana. Desde pequeña se muestra como una chica sensible y bastante impresionable, cuando cumple 17 años es casada con Felipe de Habsburgo y ambos se enamoran al conocerse, dando comienzo a un matrimonio del que resultarán seis hijos. Mientras que  Juana mantiene viva su pasión por Felipe “el Hermoso”, este pronto pierde el interés. Sus infidelidades, la distancia y el carácter paranoide de Juana comienzan a provocar episodios de celos y arrebatos de “locura” en la joven reina. En la corte ve posibles competidoras, empieza a imaginar historias de traición y persigue obsesivamente estar con su marido austriaco.  Los nobles de cierta edad recuerdan antecedentes familiares como la esquizofrenia de su abuela; y pronto empieza a ser conocida como “la reina loca”. Pero ¿su mente vivía en otra realidad ajena a la que había? ¿Su pasión dominaba a su razón o fue una invención de otros? ¿Estaba realmente loca?

Retrato de la época de la entonces princesa Juana
Retrato de la época de la entonces princesa Juana

Es difícil contestar a estas preguntas. Todos los hombres a su alrededor se aprovecharon de su posición como heredera universal de Castilla y Aragón. Su padre, Fernando el Católico, aun mayor, no quería perder su ascendencia sobre Castilla, muerta la reina Isabel. Su marido, Felipe, veía en su matrimonio el escalón para que los Habsburgo dominasen el sur del continente. Su hijo Carlos, cuando creció, tuvo en su madre el medio legal para legitimarse como rey (en las monedas aparecen juntos durante todo el reinado de él). Además Fernando y Felipe estaban enemistados porque ambos deseaban controlar las rentas, la posición geoestratégica y las nuevas tierras castellanas. Juana quedó, por tanto, como una ficha a mover entre todos, y sus sentimientos fueron manejados como un arma política. Además, entre la iglesia la reina tampoco guardaba buena prensa, pues desde muy joven se negó a participar de los ritos, ir a misa y confesarse; lo que la convertía en alguien extraño para el contexto de la época.

mapa
Juana heredaba Castilla, Aragón, Navarra, las Indias, Nápoles y Mallorca entre otros tantos reinos, además de la ascendencia sobre Portugal.

Esta era la situación en septiembre de 1506. En este momento la pareja llevaba dos años en el trono; la Corte pasando por Burgos, se alojó en el Palacio de los Condestables de Castilla, conocido también como Casa del Cordón. Un día, tras jugar a la pelota, Felipe bebió mucha agua fría y poco después enfermó y murió súbitamente en el palacio. La sombra del envenenamiento planeó sobre esta muerte desde el primer momento, por la enemistad entre yerno y suegro, y los intereses de por medio en poder controlar a la reina.

El infierno se desató entonces para Juana. Sufrió, se desesperó y su obsesión con Felipe se agudizó aun más. Siguiendo los deseos de su marido de ser enterrado en Granada, Juana decidió trasladar el cuerpo desde Burgos hasta allí. Sin embargo el camino era largo, la reina quería que el difunto recibiera honores de todas las ciudades y Fernando bloqueó el enterramiento porque no quería que Felipe fuese el primer rey sepultado en la ciudad conquistada.

Por expresa voluntad del difunto en vida, el corazón de Felipe viajó por toda Europa hasta la ciudad de Brujas. Allí fue enterrado en la tumba de su madre María de Borgoña en la Iglesia de Nuestra Señora. En paralelo Juana, embarazada, comenzó un viaje con el féretro de su marido y parte de la Corte por distintos pueblos de Castilla. Yendo de un pueblo a otro en el crudo y frío invierno castellano, en enero dio a luz a su última hija, y prosiguió el viaje hasta el verano. Durante ocho meses de periplo Juana veló diariamente el cadáver de Felipe, lo que extendió la idea entre la población de que la reina estaba loca y había sido cegada por sus obsesiones.

Desde entonces Juana fue encerrada en Tordesillas bajo el pretexto de su locura, primero por orden de su padre y luego por mandato de su hijo. Su hija pasó los primeros dieciséis años de su vida encerrada en este palacio hasta que salió para ser casada con el rey de Portugal. Juana permaneció  allí bajo la vigilancia de varios nobles como los marqueses de Denia, que la sometieron a un trato vejatorio y cruel. Cuando se produjo la revuelta de los Comuneros fue liberada momentáneamente y se llamó a la reina como auténtica monarca legítima frente a la políticas arbitrarias de su hijo Carlos. Finalmente la rebelión fue sofocada y ella volvió a su reclusión hasta su muerte en 1555, ya anciana, enferma y sin movilidad.

La Casa del Cordón, escenario de la muerte de Felipe el Hermoso.
La Casa del Cordón, escenario de la muerte de Felipe el Hermoso.

Aun hoy podemos ver algunos de los lugares que fueron escenario de estos hechos.  La Casa del Cordón, el palacio donde murió Felipe el Hermoso, puede visitarse. Funciona como centro cultural en el que se organizan exposiciones de artistas contemporáneos de primera línea; y fue escenario de otros hechos históricos como la sede del bando sublevado en la Guerra Civil, la recepción de Colón en su segundo viaje a América o la adhesión al reino de Navarra a Castilla. En Tordesillas, aunque ya no podemos contemplar el Palacio Real en el que se recluyó a Juana, siguen en pie algunas iglesias y casas de la época. La magnífica Capilla Real de estilo gótico en la Catedral de Granada también merece una visita para ver las tumbas de los Reyes Católicos, Juana y Felipe. El cuerpo de este finalmente fue enterrado junto al de Juana cuando murió varias décadas después. Yacen juntos, pero resulta un macabro guiño de la Historia que el corazón de Felipe no esté junto a Juana ni siquiera tras la muerte.

  Volviendo a la historia personal de nuestra reina loca podríamos pararnos a pensar si, a pesar de su personalidad esquizoide y obsesiva, no podría haber una parte de verdad cuando se difamó su cordura.  Tanto su hijo Carlos como su nieto Felipe II quisieron ocultar el encierro de la reina a la posteridad, y destruyeron todos los documentos que lo probaban, entre ellos la correspondencia con los nobles carceleros.

¿Cuál es la débil línea entre la pasión y la locura? ¿Se exageró el problema psicológico de Juana? ¿Puede ser una obsesión una forma de reescribir la historia de la monarquía y la política de estado? Dejo que vosotr@s atuséis vuestros bigotes dándole vueltas a la cuestión.

Pedro Aguado González
Pedro es historiador y amante de la música y la literatura. Analiza el pasado como una gran Wikipedia de experiencias humanas. Le atraen un sinfín de géneros musicales y pasa horas buceando en el proceloso mundo virtual descubriendo grupos, canciones e historias. Ha participado en blogs y experiencias en red como Cronoviajeros. Nació en Móstoles y se enorgullece de ello. No nos atrevemos a decir más.
Me gusta Las canciones de Antonio Vega, los cuentos de Borges y las culturas antiguas
No me gusta Lo que se crea solo para vender, el hip-hop y la economía
Pasaría una noche en vela con Sabina, Alaska, Leonor Watling, Pucho, Almodóvar y Jesús Ordovás, todos a la vez encerrados en un garito.
Una obra en la que me quedaría a vivir Blade Runner de Ridley Scott
Bigote preferido Freddy Mercury
https://twitter.com/PedroDesierto

Deja un comentario