LA UTOPÍA ONÍRICA DE JACQUES FABIEN

En este enero cargado de sueños quiero llevar la imaginación del lector más allá. Viajar a un mundo cambiado, pero en lugar de centrarnos en las distopías juveniles que están tan de moda últimamente, nos iremos al París en sueños que creó Jacques Fabien en 1863.

Empezaré diferenciando entre utopía y distopía. En resumen, el primer término alude a un futuro feliz, donde la gente puede vivir en paz y tranquilidad; mientras que una distopía siempre parte de un futuro negativo para el ser humano, o por lo menos para la gran mayoría. Supongo que una utopía puede ser considerada del mismo modo, quizá la vida perfecta de la mayoría no está hecha para el gusto de todos. Sin lugar a dudas, Fabien no tenía los mismos sueños que tengo yo y ojalá después de más de cien años no siguiesen oyéndose frases que me hacen perder la fe en la humanidad, 1863 no está tan lejos después de todo.

«Acceso de las mujeres, y solo de las mujeres, a los empleos que la naturaleza les ha reservado. Solo ellas pueden acceder a los talleres, a los almacenes, a las tiendas relacionadas con alguna rama de la indumentaria de su mismo sexo, con la preparación y con la venta de alimentos; en suma, allí donde no sean necesarios ni la fuerza de los brazos, ni el trabajo del cerebro. Así pues, mi pobre amigo, tendrás que conformarte con no volver a ver en las tiendas de caprichos a aquellos gentiles amanerados exhibiendo ante tu mujer y tu hija, además de sus miraditas, la seda, el encaje, los perfumes. Pero, por otro lado, ya no volverás a encontrarte con débiles criaturas en sórdidas fábricas, sometidas a penosas faenas que, por naturaleza, son patrimonio de los hombres».

Jacques Fabien tenía una visión burguesa del mundo con ojo crítico para la industrialización. Su protagonista se queda dormido en un viaje en tren camino de París y su mente crea en el trayecto una ciudad mejorada a su gusto en la que no hay conflictos sociales y los ciudadanos son felices aun manteniendo la estructura social del momento.

contraportada

Como si se tratase de un manifiesto en lugar de una novela, Fabien nos intenta convencer de la viabilidad económica de este gran cambio donde las diferencias sociales siguen estando presentes, pero parecen no importar a nadie. ¿Es una utopía si la desigualdad está a la orden del día? No lo creo. En mi opinión, París en sueños es el retrato de una sociedad conformista donde cada ciudadano se contenta con permanecer en su lugar dentro de una jerarquía económica. Los ricos siguen siendo ricos, los pobres siguen siendo pobres. La diferencia es que los poderes del estado intentan que los pobres vivan mejor y se mantengan en su sitio con alegría, sin ansias de revolución.

Pese a la supuesta felicidad de todas las clases sociales, no querría vivir en esta extravagante utopía que trata de dar lecciones sobre cómo vivir en paz siempre que no aspires a nada. Yo no querría pertenecer a una sociedad que acepta que la mujer no debe trabajar en nada que exija «el trabajo del cerebro» por ser una «débil criatura». El París en sueños de Jacques Fabien está muy, muy lejos de mi idea de una verdadera utopía. Mis sueños van en otra dirección. Recomiendo su lectura, pero no como entretenimiento sino de un modo un poco más profundo y crítico.

Los sueños no vienen solo con los Reyes Magos, están detrás de todo lo que hacemos cada día. Son nuestra pequeña lucha por conseguir ser mejores en un mundo mejor. Mi recomendación para este 2016 es que elijáis un libro que os sea completamente ajeno, un libro que nunca hayáis dicho que os lo vais a leer y, simplemente, dejad que las páginas os lleven. Tal vez sea una lectura que os espante o tal vez abra vuestra mente a nuevas ideas, nuevas expectativas y, por supuesto, nuevos sueños.

Ángela Pacheco
Ángela es bibliófila por naturaleza y por formación, conoce todo lo que rodea al mundo del libro, desde la portada hasta el punto final. Seguro que el libro que tienes entre manos ya ha pasado por las suyas. La música, el cine y el turismo se cruzan también en su universo interior dando forma a una visión muy particular de todo lo que lee.
Ha dicho que está decidida a ganarse la vida con su pasión, el mundo de las letras. Aceptamos donaciones para ayudarla. Ya sabes a quién acudir si necesitas un corrector especializado o una aprendiz de escritora.
Me gusta el cine más bizarro de serie z, las descripciones apasionadas en las páginas de cualquier libro, Gustav Klimt y la lluvia, sobre todo... la lluvia.
No me gusta la estupidez humana y vivir en un mundo donde lo que se nos enseña de pequeños no se respeta de mayores (compartir, respetar los turnos de palabra...).
Pasaría una noche en vela con Ed Sheeran, Ray Bradbury y con el líder de una secta o institución religiosa con el que poder discutir pacíficamente.
Una obra en la que me quedaría a vivir La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón, podría pasarme la vida recorriendo los pasillos del Cementerio de los libros olvidados.
Bigote preferido El de Davy Jones del Holandés Errante y, sin lugar a dudas, todos los que participan cada año en el movimiento Movember.

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