HISTORIA DE LA CALLE MÁS ESTRECHA DE ESPAÑA

Dedicamos nuestro mes a las calles, y en historia tienen mucho que decir. La Gran Vía, la Avenue des Champs Elysees, la Quinta Avenida, Charing Cross, las Ramblas, la Via del Quirinale o Sunset Boulevard. El caótico trazado de ciudades como Toledo, el orden artificial de Nueva York o las calles acuáticas de Venecia; la Historia siempre está detrás. Hay mucho de lo que podríamos hablar pero he decidido dedicar este post a otra cuestión poco conocida y muy curiosa ¿Cuál es la calle más estrecha de España?

El origen de la calle más estrecha

Su nombre es la Travesía del Moral, Travesía del Morón o Callejón del Moral,  y está en Hervás, entre los números 3 y 5 de la Calle Rabilero. Hervás es un pueblo de Cacéres casi lindante con Salamanca en plena comarca del valle del Ambroz.  La razón de su estrechez obedece a su pasado como asentamiento de una comunidad judía, casualmente una de las mejor conservadas en nuestro país. En el siglo XV  y durante apenas cien años se alojó aquí una comunidad hebrea que se dedicaba al cultivo de la vid, los tejidos y el comercio. Un viejo refrán decía “en Hervás, judíos los más”, porque con toda probabilidad conformaban el grueso de población en aquella época.

La forma de construcción en estas juderías era peculiar, rápida y desordenada. Se construía la casa de cada uno adaptándose al terreno sobre el que se edificaban sin apenas alteración. Cuando ya se habían levantado se diseñaban entonces las calles entre ellas y es por ello que la Travesía del Morón quedase con apenas medio metro de ancho, convirtiéndose en la calle más estrecha de España.

Una forma de escapar

   No sólo eso, puesto que si el trazado obligaba también podría haberse tapado el acceso a esa calle minúscula para evitar corrientes de aire, humedades o un lugar de acumulación de suciedad, y teniendo en cuenta que la anchura media de una persona ronda o supera ese medio metro no era un lugar sencillo para pasar.

travesía de Hervás

     Los sefardíes de esta tierra venían huyendo de las persecuciones que se habían desatado contra los judíos en el siglo XIV en el Norte de Castilla, acusándoles de todas las epidemias, guerras y crisis económicas que acechaban a la sociedad como si fueran el chivo expiatorio. Algunas de estas comunidades huyeron hacia Portugal y hacia el sur,  y ésta se asentó en Hervás. Una comunidad que podía sufrir un repentino ataque de cristianos antisemitas necesitaba vías de escape rápidas y que pasaran inadvertidas. El callejón cumplía esa función de permitir la huída a cualquier hebreo del interior y guarecerse fuera sin que los extraños reparasen en esa salida apenas visible. Su presencia estaba totalmente justificada, y cuando a finales del siglo XV la violencia antisemita creció, el callejón sería usado más de una vez con toda probabilidad.

El encanto de la judería

   Alrededor de la calle las muestras de arquitectura popular, detalles y pequeños adornos en las fachadas son muy abundantes y dignos de verse. La madera de castaño aparece por todos los lados como la presencia fantasmal de algunos lugares de tradición hebrea.

judería de Hervás

Algunos ricos prestamistas vivieron en esta judería y gracias a su poder se hicieron construir lujosos hogares a la manera hebrea, una sinagoga, un hospital, el antiguo lagar en el que hacían su propio vino… y otros tantos. De todas las juderías que hay en nuestro país, esta es una de las que merece la visita  de forma más inmediata, y entender un poco el pasado de las tres culturas en una aldea de frontera. Aunque los judíos fueron expulsados aun queda el rastro de su cocina en algunos de los locales de la zona por lo que puede ser la excusa perfecta para probar la cocina sefardí, y algunos de las artesanías del barrio  recuerdan a imágenes de la tradición. Historia del mundo sefardí, buena mesa, y poder ver (y estar) en la calle más estrecha del país. Más de tres motivos para mover vuestro bigote hasta Hervás.

Pedro Aguado González
Pedro es historiador, escritor y gestor cultural. Le atraen un sinfín de géneros musicales y pasa horas buceando en el proceloso mundo virtual descubriendo grupos, canciones e historias. Ha participado en webs como Cronoviajeros o QueAprendemosHoy. Colecciona instrumentos musicales, viajes extraños y enemigos imaginarios.
Me gusta Las canciones de Antonio Vega, los cuentos de Borges y las culturas antiguas
No me gusta Lo que se crea solo para vender, el hip-hop y la economía
Pasaría una noche en vela con Sabina, Alaska, Leonor Watling, Pucho, Almodóvar y Jesús Ordovás, todos a la vez encerrados en un garito.
Una obra en la que me quedaría a vivir Blade Runner de Ridley Scott
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