FRIDA ES MUCHA FRIDA

En la universidad un profesor me dijo: “se habrá contado todo lo que se tiene que contar sobre un artista, todo, excepto lo que usted tiene que decir sobre él”. Pues bien, aquí sigo su consejo y me aventuro a hablar sobre Frida Kahlo, la pintora mexicana más conocida e internacional y sobre la que aparentemente poco queda por decir.

Cada nuevo acercamiento a Frida  ofrece una reflexión sobre su vida y  su obra, tormentosa y, al mismo tiempo, brillante, llena de reveses y fortuna. Una vida que, como expresa en sus obras, estará marcada por dos elementos: el dolor y el amor.

El dolor irrumpió en su existencia a la edad de 6 años al sufrir poliomielitis, dejándole secuelas físicas irreparables como una pierna más delgada que la otra y la necesidad de realizar una actividad física fuerte. Ésto la condujo a practicar deportes, más propicios para época, de niños que de niñas como el fútbol o el boxeo, donde se ya se aprecia la fuerte personalidad de la joven Kahlo yendo contra la restrictiva normativa social de principios del siglo XX. Como consecuencia la soledad marcaría su infancia.

Niña con máscara de muerte, 1938, Frida kalho, Nagoya City Art Museum, Nagoya, Japon.
Ella juega sola o Niña con máscara de muerte, 1938, Frida kahlo, Nagoya City Art Museum, Nagoya, Japon.

En 1922, con 15 años ingresa en la Escuela Nacional  Preparatoria de Ciudad de México donde se junta con un grupo de jóvenes conocidos como Los Cachuchas, rebeldes, intelectualmente inquietos y con ideología política de izquierdas en su lucha contra la injusticia, haciéndose novia de su líder Alejandro Gómez Arias. Ya en este periodo se conoce la fuerte sexualidad de Frida al tener varios y varias amantes, lo que chocaba no poco en la década de 1920. En ocasiones se vestía de chico y se cortó el pelo en una apariencia totalmente masculina, rebeldía que mantendría toda su vida al no depilarse el bigote ni el entrecejo, rasgos inconfundibles de su aspecto físico. Con toda una vida por delante Frida, inteligente, atrevida y segura de sí misma estaba dispuesta a comerse el mundo, y se lo comió, pero le supo muy muy amargo. En 1925, fue víctima de un gravísimo accidente de autobús en Ciudad de México,  se rompió la columna vertebral por 3 partes, la pierna derecha por 11, la clavícula y una barandilla del autobús la traspasó el vientre.

Exvoto, 1940, Frida Kalho, Colección privada.
Exvoto, 1940, Frida Kahlo, Colección privada.

Sorprendentemente sobrevivió pero nunca se recuperó de las secuelas. Los largos periodos pasados en la cama hizo que comenzase a pintar, ¿y qué pintó? Su dolor. Operaciones y corsés que mantenían erguido un esqueleto hecho pedazos. Frida estaba encerrada en ella y su dolor, le gustaban los Cristos con los compartía un calvario levemente apaciguado por los analgésicos. Sus cuadros son brutales. En ellos hay una mezcla de pintura colonial de descripción de costumbres, trazo simple y descripción minuciosa, con el uso de colores brillantes de tradición prehispánica y composiciones surrealistas que expresan su realidad , en ocasiones, de manera bastante explícita.

La columna rota, 1944, Frida kalho, colección Dolores Moreno, Ciudad de México.
La columna rota, 1944, Frida kahlo, colección Dolores Moreno, Ciudad de México.

 

Como siempre, Frida iba contracorriente y en un momento en que la pintura mexicana era utilizada como arma política y de lucha contra la explotación y la injusticia (era el momento del muralismo mexicano), ella se encerró en su propia guerra contra el dolor, se autorretrato tantas veces en función de cómo se sentía que creó un icono de sí misma. El tema de su pintura es ella. Esta visión se ha extrapolado al sentimiento de dolor a la humanidad en general y demás…, pero son interpretaciones que se han dado después. Frida se limitó a pintar su vida.

Diego y Frida, 1931, Frida Kalho, Museo de Arte Moderno de San Francisco.
Diego y Frida, 1931, Frida Kahlo, Museo de Arte Moderno de San Francisco.

El otro elemento que marcaría su vida, como ya dijimos, fue el amor. Un amor por un personaje tan revolucionario, o más, que ella: el muralista Diego Rivera: comunista, ateo y creador de arte público era, cuanto menos, la invocación del demonio para la sociedad tradicional mexicana. Si la actitud de Frida ya chocaba en algunos círculos, la elección de su marido no fue para menos. Diego Rivera, 20 años mayor que Frida, 1,86m de estatura, 130kg de peso y un talento que nada envidiaba a su tamaño físico. Digamos que está unión fue para Frida las alas que el accidente le había cortado, aunque con ellas también se daría algún tortazo. Fue Frida la que se acercó a enseñarle sus obras. Diego quedó fascinado por ambas y se casaron. Divorciado dos veces, tres hijos e innumerables amantes, Frida se estrelló de bruces. Aguantó y aguantó hasta que la amante de su marido fue su hermana y el goterón colmó el vaso. Divorcio. No puedo vivir sin ti. Pues nos volvemos a casar. Ahora juntos pero no revueltos en casas separadas unidas por una pasarela que se cerraba del lado de Frida. Los amantes continuaron por parte de ambos, Frida tuvo entre ellos a Trotsky y a la mujer de André Bretón. A pesar de todo, solo Diego ocupaba permanentemente su corazón. Para Frida, Diego no sólo era su amor, era su universo (no lo digo yo, ella misma lo escribió en su diario.)Un amor convertido en obsesión que al final solo ella sabe si le dio más felicidad o sufrimiento. Lo refleja claramente en sus cuadros.

Diego en mi mente (Autorretrato como Tehuana), 1941, Frida Kalho, Colección Particular, Jaques y Natasha Gelman
Diego en mi mente (Autorretrato como Tehuana), 1941, Frida Kalho, Colección Particular, Jaques y Natasha Gelman

Es a partir de su matrimonio con Diego cuando éste le aconseja vestirse con trajes tradiciones mexicanos, las flores y trenzas en el pelo. Frida conoce a gente importante e influyente del mundo del arte y poco a poco su pintura es reconocida realizando exposiciones en Nueva York, París y México. Una en cada ciudad, ya que su verdadero éxito no llego hasta su muerte en 1954 con 47 años.

Sin esperanza, 1945, Frida Kalho, Museo Dolores Olmedo Patiño, Ciudad de México, México
Sin esperanza, 1945, Frida Kahlo, Museo Dolores Olmedo Patiño, Ciudad de México, México

Relatar la vida de Frida es fundamental para entender su pintura, sino, no tiene sentido. Sin embargo, más allá de sus obras, la transgresión de esta mujer y en el icono en el que ella misma (no sé si consciente o inconscientemente) se convirtió es realmente impresionante. Una mujer que luchó por vivir con un estado físico que a  penas le dejaba disfrutar de la vida, con una fortísima personalidad, que había creado una imagen de sí misma, casi una marca, a partir de una forma de vestir, entre la tradición y la vanguardia, una manera de mirar, una seriedad y  una identidad que la convirtieron en mito, y es que Frida…es mucha Frida.

Autorretrato con monos , 1943, Frida Kalho, Colección Gelman, Ciudad de México.
Autorretrato con monos , 1943, Frida Kahlo, Colección Gelman, Ciudad de México.

 

 

Teresa López Flores
Teresa es historiadora del arte y seguidora habitual de todas las ramas de la cultura independiente nacional. Ha trabajado en un sitio tan postinero como el Louvre de París y tiene una sensibilidad particular con el arte contemporáneo. Le hemos pedido que no hable de la aquiescencia kuhniana de los subterfugios freudianos del arte conceptual pictográfico. Por vuestro bien.
Me gusta El verde de los rostros de Kirchner y el de las medias de Irma la Dulce
No me gusta El doblaje de las películas europeas
Pasaría una noche en vela con Linda Nochlin
Una obra de arte en la que viviría En el Siddhartha de Herman Hesse
Bigote preferido el del Capitán Garfio

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