FONDO DE ARMARIO DEL ARTE FEMINISTA

vb45.9043.ali, 2001. Vanessa Beecroft. (Imagen itsliquid)

No cabe duda de que el movimiento feminista ha tocado, con mayor o menor fuerza y con más o menos éxito, todos los palos del nada frágil entramado cultural en que se apoya la sociedad, investigando las razones de las desigualdades entre hombres y mujeres con el fin de alcanzar una igualdad de oportunidades, así como que las mujeres lograsen los derechos fundamentales que les habían sido negados y que a día de hoy en demasiados lugares del planeta aún se les continúa negando.

El palo que aquí tocaremos será el del mundo del arte. Un círculo, en el que hasta ya bien entrado el siglo XX, los nombres de mujeres nunca han ocupado las cabezas de cartel.

En cualquier trabajo o artículo sobre la presencia, o mejor dicho: ausencia, de las mujeres entre los grandes nombres de la historia del arte occidental (aunque me atrevería a decir universal dado que la situación es similar en el resto del planeta aunque la tendencia académica es a focalizarla en occidente) se hace obligada la referencia al artículo de la historiadora del arte Linda Nochlin: ¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas?, que ha venido a ser el texto fundacional de la crítica del arte de orientación feminista. Publicado a principios de las década de los 70, momento de gran auge del movimiento feminista en EE.UU y en Europa, en el que las intervenciones feministas se centraban por un lado, en la búsqueda de mujeres artistas que habían sido ignoradas en la historiografía tradicional, y por otro, en el estudio de la imagen de la mujer, que tanta polémica ha causado y sobre la que giraría gran parte de la temática artística feminista del momento y posterior.

MIRIAM SCHAPIRO
El hermanamiento de Adán y Eva en el jardín del Edén, 1989. Miriam Schapiro.

Según Nochlin, resultan vanos todos los esfuerzos que se realicen con la intención de buscar el equivalente femenino a Miguel Ángel, Velázquez o Warhol, porque simplemente no existen. El mundo del arte, al igual que el de la ciencia o la política, estuvo reservado a lo largo de la historia a la clase media, blanca y masculina. Por lo tanto esta búsqueda resulta inútil como réplica a la pregunta, intentando demostrar que sí las hubo. La verdadera respuesta la encontramos en la educación y el tejido de la estructura social que complicaba a tal punto el acceso de las mujeres a ejercer el arte como profesión que se convertía en hazaña casi imposible, y no sólo para las mujeres, la autora coloca en la misma posición a los aristócratas, por ejemplo, los que a pesar de tener un acceso mucho más fácil a la cultura y a la educación no pasaron de ser meros aficionados, por lo poco adecuado que se consideraba ejercer dicha profesión entre las clases altas. Y si ya hablamos de población negra es igualmente inexistente.

Susy Gómez. Sin Título nº56. 1998. MNCARS
Sin Título nº56. 1998. Susy Gómez. ( Imagen  MNCARS)

Así, el misterioso poder del “genio”, del que fueron dotados algunos artistas no es que estuviese reservado solo al hombre blanco sino que las estructuras sociales favorecían ese “genio” en algunos individuos y lo complicaban en otros. No es casual que gran parte de los más destacados pintores o escultores procediesen de familias de artistas, padres que enseñaban el oficio a sus hijos. Bernini, Durero, Rafael, y el propio Picasso recibieron su primera educación artística de sus padres o familiares cercanos. Por supuesto la valía de estos artistas es innegable, unos fuera de serie sin duda alguna, pero habría que plantarse cuánto tiempo hubieran dedicado estos padres a enseñar o a descubrir el “genio” de su descendencia si hubieran sido niñas. De este modo Linda Nochlin explica como la producción creativa viene condicionada por la estructura social del momento.

En esta misma década Laura Mulvey publica Placer visual y cine narrativo, en el que analiza en clave freudiana cómo el cine ha seguido una estructura patriarcal y ha establecido unos estereotipos según los cuales el hombre posee la mirada activa (mira) y la mujer la mirada pasiva (es mirada) también plasmados en fotografía y de los que aún no nos hemos liberado.

Ambos textos (que bien merecen una detenida lectura) son dos clásicos de la crítica de la historia del arte feminista fundamentales para entender las creaciones artísticas desarrolladas en esta línea, que igualmente siguen las ideas de la filosofía feminista de Luce Irigaray o Julia Kristeva.

Do Women Have To Be Naked To Get Into the Met. Museum? 1989 Guerrilla Girls null Purchased 2003 http://www.tate.org.uk/art/work/P78793
¿Las mujeres tienen que estar desnudas para entrar en el Metropolitan Museum?  Guerrilla Girls.  (Imagen Tate Gallery).

En el frente práctico del movimiento, aunque muchas de estas artistas también producen teoría, encontramos que, una vez pasada la lucha por la igualdad de acceso al mundo del arte a finales de los  60, el movimiento feminista insiste en la diferenciación entre el hombre y la mujer queriendo mostrar la feminidad desde el punto de vista femenino luchando contra los estereotipos impuestos.

La imagen femenina en el arte había sido creada por hombres y a partir de mediados de los 70 se empezó a cuestionar dicha visión en los museos y en la revistas, expuesta únicamente como simple objeto decorativo, como muy claramente lo “publicitaron” las Guerrilla Girls en los 80.  De este modo, el cuerpo de la mujer se convirtió en una de sus principales herramientas durante el final del siglo XX, obras atrevidas con una fuerte presencia del sexo femenino, como hace Judy Chicago, imágenes descaradas e impactantes tiñen de carne gran parte de la producción feminista o postfeminista (ya conocemos los problemas para fijar nomenclatura en el arte actual). La violencia y el sexo, en ocasiones de carácter autobiográfico, militan sin intención alguna de moralizar, rebasando alguna línea de la propia política feminista. Nancy Spero, Nan Golding y sus series fotográficas o Ana Mendieta y sus performance.

Nan one month after being battered 1984 Nan Goldin born 1953 Purchased 1997 http://www.tate.org.uk/art/work/P78045
Nan un mes después de haber sido golpeada. Fotografía de la serie de La balada de la dependencia sexual, 1984. Nan Golding. ( Imagen Tate Gallery)

También se realizaron trabajos basadas en oficios y actividades femeninas como la costura en las obras de Miriam Schapiro; la crítica de la representación de Cindy Sherman cuestionando los códigos sociales impuestos o la construcción de la feminidad de Vanessa Beecroft o Susy Gómez.

Este auge de mujeres artistas fue de la mano del auge del feminismo, obras polémicas, no siempre fáciles y muy reivindicativas que abrieron un nuevo camino. Un arte que aunque en su mayoría ha sido realizado por mujeres, también lo realizan hombres, y que no debe confundirse con el arte “hecho por mujeres”, el cual no tiene porqué ser feminista. Sin embargo, como afirma Rosalind Krauss: no hay ninguna historia separada del arte feminista, sino que éste ha ido ligado a las preocupaciones del cambio de siglo, las cuestiones de la construcción social de la identidad genero y la identidad sexual, enmarcándose en un contexto muy complejo que hace del propio arte feminista un movimiento con diversas tendencias y enfoques muy diferentes.

 

Teresa López Flores
Teresa es historiadora del arte y seguidora habitual de todas las ramas de la cultura independiente nacional. Ha trabajado en un sitio tan postinero como el Louvre de París y tiene una sensibilidad particular con el arte contemporáneo. Le hemos pedido que no hable de la aquiescencia kuhniana de los subterfugios freudianos del arte conceptual pictográfico. Por vuestro bien.
Me gusta El verde de los rostros de Kirchner y el de las medias de Irma la Dulce
No me gusta El doblaje de las películas europeas
Pasaría una noche en vela con Linda Nochlin
Una obra de arte en la que viviría En el Siddhartha de Herman Hesse
Bigote preferido el del Capitán Garfio

Deja un comentario