“ESTE CUADRO…PORQUE LO HA PINTADO MUNCH…”

Como no podía ser de otra manera, el artículo de este mes, cuya temática debía tratar sobre Obsesiones, estaba irremediablemente destinado al último blockbuster lanzado por la Fundación Colección Thyssen-Bornemizsa en su sede madrileña: “Edvard Munch. Arquetipos”.

Pánico, miedo, angustia…fueron algunas de las sensaciones que experimenté de sólo pensar en la cantidad de gente que podría haber decidido hacer lo mismo que yo ese martes por la mañana. Y aunque finalmente no estuve, precisamente, sola, salí emocionada, sorprendida y satisfecha de aquella explosión de colores y sentimientos.

Posiblemente sobren las presentaciones con el autor del  mediático “Grito”, las referencias a su infancia traumática por la muerte de su madre y su hermana, y un padre obsesivamente religioso, sus problemas de alcoholismo y esa  personalidad conflictiva y desequilibrada que él mismo convertiría en la base de su arte. De hecho lo que la comisaria de la exposición, Paloma Alarcó, pretende es no dar una visión biográfica de la obra de Munch, sino temática. Esto convierte la muestra en un paseo por los diferentes mundos del artista a través de los sentimientos. Por supuesto, sabiendo lo que sabemos sobre su vida, no debemos esperar demasiada alegría.

"Pánico en Oslo", 1917
“Pánico en Oslo”, 1917

Melancolía, Muerte, Pánico, Mujer, Melodrama, Amor, Nocturnos, Vitalismos y Desnudos, son los temas presentados y que, en la exposición, denomina “Arquetipos”. Imágenes del imaginario colectivo que hoy son tan válidas, como hace cien años. Un título, francamente bien elegido por esa idea de valores universales que tienen los cuadros de Munch y que, independientemente del momento de su vida, recurrió a ellos una y otra vez, con repeticiones y versiones diferentes de una misma obra, que si bien eran un tanto obsesivas, no iban mucho más lejos de lo que hacían (y harán) otros artistas contemporáneos.

Y es que las circunstancias temporales que vivió Munch (1863-1944), quizá no se encuentren tan alejadas de las nuestras y por eso resulta fácil comprender lo que quiere contar, ya que, Munch, relata, narra y cuenta historias situadas “a caballo” entre dos siglos. Es ese aire finisecular, que unos más que otros hemos respirado, lo que tenemos en común con Munch y nos hace entender su ansiedad ante un mundo que le agobia y le estresa. El desarrollo urbano de las grandes ciudades a mediados del siglo XIX, supuso una experiencia traumática para Munch que desembocó en puro “Pánico” y “Ansiedad”, como vemos en los rostros de sus obras, rostros de muertos vivientes, aislados en medio de la multitud.

Nosotros, hijos del siglo XX y padres del XXI, hemos visto en primera línea el vertiginoso desarrollo de las comunicaciones, la obsesión por las redes sociales que se ha convertido en algo vital para una generación víctimas de la prisa y la competitividad. La información nos ha arrollado de tal modo que a veces no sabemos ni quién somos, ni qué queremos, ni qué sentimos, y esto, a veces, crea un “poquito” de ansiedad.

"Madre e hija". Nasjonalmuseet for kunst, arkitektur og design, Oslo 1897
“Madre e hija”, 1897

El primer cuadro de la exposición, titulado, “Ensenada con bote y casa” de 1881, es una obra muy sencilla que representa de manera realista lo que su título indica, sin más. Como antes he mencionado, no era la única en la sala, y detrás de mí, un señor le decía a otro, con cierto aire de desprecio: “Este cuadro… porque lo ha pintado Much y por eso está aquí, pero fíjate en la barca,…. y en el agua. Los trazos son muy simples, no tiene la mayor complicación, vamos”. Munch era mundialmente conocido al final de su vida. A pesar de no ser comprendido durante sus inicios y de haber vivido una época complicada por el nazismo, en cuyos ideales no encajaba su obra, logró convertirse en uno de los mayores representantes de la corriente expresionista cuya obra influiría decisivamente en el expresionismo alemán. Munch tuvo una formación artística académica, como era lo habitual, sin embargo el obligado viaje a París del cambio de siglo, y Berlín, le permitieron contactar con movimientos como el impresionismo o el simbolismo que podemos apreciar en el uso de los colores. Puede que la temática sea oscura, sus trabajos no. La fuerza que transmiten sus colores solo se captan ante la propia obra, la fuerza con la que están impresos sobre el lienzo, en los que a veces parece que pretende romperlo con una pincelada violenta, agresiva y obsesiva, como vemos en la obra “Madre e hija” de 1897. Logra figuras monumentales a través de tremendos contrastes en el colorido.

"Agonía", 1915
“Agonía”, 1915

Tampoco nos dejará indiferente la obra “Agonía” (1915) la escena de velatorio con el difunto de cuerpo presente a tamaño de 1,74 x 2,30 metros, cuanto menos, impacta. Pero no sólo por el tamaño, ¡esos colores!, la mezcla de verdes fríos y mortecinos con rojos cálidos y rosas, que con cuatro pinceladas, que llegan a parecer brochazos por el empaste denso e impreciso, consigue imprimirle más angustia, más dolor que si se tratase de una fotografía. Aquel señor iría directo a confesarse nada más salir de la exposición, arrepentido por cuestionar la calidad técnica de Munch.

En fin, se podrían decir muchas más cosas sobre los sentimientos que despiertan la contemplación de estas obras. Yo, podría seguir describiendo cada una de ellas, pero dada la tendencia a obsesionarnos que tenemos este mes, mejor dejo que lo descubráis vosotros mismos.

*La foto de portada se trata de “La mujer vampiro”, en una de sus versiones de 1924
Teresa López Flores
Teresa es historiadora del arte y seguidora habitual de todas las ramas de la cultura independiente nacional. Ha trabajado en un sitio tan postinero como el Louvre de París y tiene una sensibilidad particular con el arte contemporáneo. Le hemos pedido que no hable de la aquiescencia kuhniana de los subterfugios freudianos del arte conceptual pictográfico. Por vuestro bien.
Me gusta El verde de los rostros de Kirchner y el de las medias de Irma la Dulce
No me gusta El doblaje de las películas europeas
Pasaría una noche en vela con Linda Nochlin
Una obra de arte en la que viviría En el Siddhartha de Herman Hesse
Bigote preferido el del Capitán Garfio

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