ENTREVISTA A LAWRENCE SCHIMEL

Hemos querido celebrar el primer aniversario de El Bigote Obsceno entrevistando al escritor neoyorkino Lawrence Schimel. Después de leer su libro de relatos, Una barba para dos, teníamos muchas ganas de tenerle con nosotros. Las letras se mezclan con la diversidad sexual y emocional, los rastros que deja la homofobia y la inspiración de un gran lector que publica su último libro en la editorial Dos Bigotes.

Tu conexión con el mundo de las letras va más allá de la escritura, también te dedicas a la traducción. ¿Qué te llevó a elegir estas profesiones?

Lawrence Schimel: Soy y siempre he sido un gran lector. De joven, cuando acabé los libros a mi alcance, comencé a escribir mis propias historias. Y la traducción es quizás la lectura más íntima que uno puede hacer de un texto, especialmente en el caso de la poesía. Muchas veces, mi entusiasmo por un/a poeta me lleva a traducirle para poder compartir sus escritos con lectores anglófonos.

¿De dónde dirías que sale tu inspiración a la hora de escribir?

Lawrence Schimel: Depende mucho del proyecto. Para los cien microrrelatos de Una barba para dos, muchos están inspirados en vivencias (propias y de amigos) aunque es cierto que, para la literatura erótica, son casi mejores fuentes de inspiración los encuentros que no llegaron a producirse, porque la chispa del deseo sigue ahí…

¿Qué escritores han influido más en tu forma de entender la literatura?

Lawrence Schimel: En prosa: Patrick Gale y Paul Russell, ambos novelistas excelentes, a quienes admiro por su habilidad de crear personajes complejos e interesantes y también por su capacidad de trenzar varias historias personales en una narración.

Tova Mirvis y su novela The ladies auxiliary, sobre la comunidad de mujeres judías ortodoxas en Memphis, Tennessee, por su forma de contar la historia en la primera persona plural, desde el punto de vista de la comunidad, cuando casi siempre las historias de la llegada de un extranjero a una comunidad cerrada se cuentan desde el punto de vista del extranjero.

En poesía: Richard Howard, Ellen Bass, Nancy Willard, Thom Gunn, Anne Sexton, y muchos más. Depende también del momento de mi vida como lector y como escritor.

2 Tova Mirvis

Si hablamos de obras literarias fuera de la temática LGTB, ¿cómo crees que se tratan las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo?

Lawrence: ¿Si la obra trata las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo no son por definición obras literarias de temática LGBT?

Personalmente espero que algún día nadie preste tanta atención a la orientación sexual de los personajes a la hora de leer un libro y sea más importante la historia en sí, ¿alguna vez has leído o escuchado algún comentario homófobo sobre tu obra?

Lawrence: Lamentablemente, puedo empezar con la reseña en Babelia de mi primer libro de relatos en español, Mi novio es un duende: «Aunque tramados con oficio y conocimiento del género, el conjunto acaba resultando repetitivo y convencional en la explotación única del componente sexual»; jamás he visto una reseña donde critiquen que todos los personajes son heterosexuales.

Me acuerdo que hubo reseñas de Dos chicos enamorados, un conjunto de historias de amor, en las que se quejaron de que nadie fumaba ni bebía café, solo té.

Más de una persona me ha criticado porque no aparecen gais de derechas en Una barba para dos resaltando que «esos que no aparecen en el libro también follan mucho y bien y son una parte importante y respetable de la sociedad».

Me temo que es, en general, muy fácil quejarse o criticar; mucho más que crear, sin duda.

3 Chueca

¿Qué piensas sobre las agresiones homófobas que han tenido lugar en Madrid recientemente?

Lawrence: Creo que son terribles y terroríficas muestras de cómo está fallando la sociedad como tal y marcan un retroceso (cívico, social, etc.) que, lamentablemente, es parte de una alarmante y creciente tendencia en toda Europa.

Hay que reconocer la excelente labor que llevan a cabo grupos como Arcópoli (y también la Policía) a la hora de denunciar y responder a esas expresiones de odio con la cero tolerancia que merecen.

Aunque naciste en Nueva York llevas muchos años viviendo en Madrid, ¿crees que hay diferencias a la hora de pensar, hablar y escribir sobre sexo?

Lawrence: Sin duda. El lenguaje en español tiene mucha más riqueza y sutileza para hablar del morbo, creo yo, y también el hecho de distinguir entre «tú» y «usted». Por un lado, subraya una diferencia en pensamiento y planteamiento y por otro permite matizar al dirigirse a alguien, en el sexo u otra situación.

Justo hoy he estado hablando con una chica española que lleva unos años viviendo en Londres. En el mundo anglosajón, por ejemplo, es muy común que se presenten al principio, «Hi, I’m Tony» o te preguntan tu nombre y otros detalles, en lo que a menudo parece una entrevista de trabajo, mientras en España uno puede pasar toda una noche hablando (o incluso morreándose) con alguien en un bar, sin llegar a intercambiar nombres.

Se nota también que en las letras hispanas el sexo, en general, es tratado como un tema digno de literatura.

4  Una barba para dos

Escribir no es una tarea sencilla y, aunque a veces las palabras fluyen, siempre hay momentos de duda o de bloqueo. ¿Cuál es el relato que más te costó terminar de Una barba para dos?

Lawrence: Para Una barba para dos, me auto-impuse un límite de 500 palabras máximas para cada relato, o sea, dos caras de un folio. Y hay más de un relato donde sobrepasé dicho límite y tuve que recortar, a veces bastante. Todo el reto del libro era intentar explorar si uno puede escribir lo erótico en un formato tan comprimido, cuando muchas veces lo que hace erótico un encuentro o situación es precisamente el contexto y los personajes más que la parte hidráulica del coito.

Para mi, el «bloqueo» es normalmente una cuestión de tiempo y fechas límites: soy por un lado muy vago, y sin el «látigo» de una fecha de entrega, motivarme a escribir suele costarme… aunque la verdad es que suelo trabajar de manera muy intensa y furiosa durante los días o las semanas después de la fecha de entrega, que es lo que ocurrió con este libro.

Tuve la idea del proyecto (o del reto de plasmar el morbo en microrrelatos) y escribí unos diez relatos como muestra, los presenté a la editorial y me dieron luz verde. Tardamos un rato en firmar el contrato y durante todo ese tiempo, y también las semanas entre firmar y la fecha de entrega, escribí solo unos cinco o seis relatos más. Así que la mayor parte de los relatos los escribí casi de golpe, en las tres semanas después de la fecha de entrega del contrato, porque me obligué a escribir tres relatos cada día y mandarlos a los editores. Si un día escribía cinco, no me eximía de escribir tres el día siguiente; no eran acumulables. Y claro, con tantos relatos, escritos a veces en tan poco tiempo (por no mencionar los tics que tenemos los escritores y los intereses sexuales de cada uno) al final descartamos un par de cuentos que eran demasiado parecidos a otros en su elemento sexual o su forma narrativa.

Esta obra nos muestra diferentes formas de vivir la intimidad y las relaciones, ¿cómo surgió la idea de este conjunto de relatos tan diversos?

Lawrence: Yo soy bastante costumbrista, en general, en mis libros de narrativa, pero no hubo ningún plan premeditado para crear un libro que tocara X tipos de relaciones, fetiches, etc. Iba escribiendo, intentando reflejar el morbo, a veces implicaba escribir los momentos previos o posteriores al sexo mismo, a veces algo que ocurre in medias res.

Empecé a notar un tono bastante nostálgico en muchos relatos, y es cierto que es distinto escribir un libro erótico con cuarenta y algo y con una pareja estable que con veinte y soltero, que era el caso en mi anterior libro de relatos para adultos… Así que decidí intentar buscar un poco de equilibrio y escribir unos relatos de happysex también, no solo añoranza.

En general, siempre he intentado ser plural y diverso en los personajes que elijo como protagonistas, pero es también mi manera de ver y celebrar el mundo a mi alrededor. Se nota también en los temas de mi libros infantiles, donde a menudo cuento historias de vidas que no suelen estar reflejadas en los libros: por ejemplo, personajes adoptados, pero en historias que nunca hablan del hecho de ser adoptado, son solo una familia.

¿Es posible vivir de la escritura en un mundo donde las grandes editoriales llenan nuestro campo de visión de superventas?

Lawrence: Yo vivo de las letras, aunque combinando mi labor de traductor con mi propia obra. Era curioso cuando publiqué mi primer poemario en español, que coincidió también con algunos de los cambios grandes en el mundo editorial (o mi manera de existir dentro de él), pasé a cobrar más por ser un escritor (dando charlas o lecturas, participar en festivales) que por escribir.

También es cierto que me sería imposible intentar vivir del arte literario en un país como EE. UU., sin la seguridad social que es la norma aquí en Europa.

5 Dos bigotes

¿Cómo ha sido trabajar con la editorial Dos Bigotes?

Lawrence: Tenemos muy buena relación. Yo les había ayudado con algunos contactos y propuestas en anteriores y posteriores títulos que publicaron, así que ya sabía como funcionaban. La confianza es importante en la relación escritor-editor.

Tu título me recuerda al título de la película Un bigote para dos, aunque no tienen nada que ver. ¿Es el arte un pozo del que todos los artistas sacan ideas que pueden confluir?

Lawrence: Claro. A menudo uno escribe algo pensando que es original, o la primera vez que alguien lo ha hecho, solo para describir lo que otros ya han dicho exactamente de esa manera.

Pero es también parte de la magia, como el amor o el sexo: aunque otras personas u otros cuerpos han hecho lo mismo, sigue siendo mágico/especial/morboso cada vez.

Este mes estamos de celebración, El Bigote Obsceno cumple un año, por eso dedicamos el monográfico de octubre a las fiestas. ¿Cómo fue tu primer año en el mundo literario?

Lawrence: Yo era tan joven cuando empecé a publicar que mis padres tenían que firmar los contratos porque era menor de edad. Mis primeros relatos fueron de fantasía y ciencia ficción, muchos de ellos publicados en recopilaciones temáticas. Así que carecí de un entorno literario durante mucho tiempo y no sabía comportarme cuando por fin llegué a ello.

¿Y tu primer año en España?

Lawrence: Yo me mudé a España en enero de 1999 pero antes había pasado el verano del 91 en Granada, aprendiendo a bailar flamenco. Yo era un enamorado de Lorca: su poesía, su mundo, los rumores de su sexualidad… Hubo una pareja española que conocí en la universidad, él estaba en una beca Fulbright y ella le acompañaba y se aburría allí, especialmente en un invierno tan nevado; yo hice un intercambio con ella, ofreciéndole clases de inglés a cambio de clases de flamenco. Y luego alquilé una habitación de uno de sus cuñados para seguir mi peregrinaje/homenaje a Lorca, buscando el duende. Me encantaba el ruido del taconeo de las clases, todos nosotros golpeando el suelo de madera al unísono, siendo parte de ese sonido pero también anónimo dentro de ello, parte del todo, del colectivo.

Y sí, me acuerdo asistir al Corpus Christi, donde todo el mundo quería bailar con el guiri, por ser guiri, y también porque había pocos chicos que supieran bailar, aunque solo fueran unas sevillanas.

Había tenido unos encuentros sexuales furtivos durante esas semanas, pero eran todos insulsos e inmemorables; pero bailar canción tras canción, sintiéndome popular de una manera que sexualmente no disfrutaba, era algo muy especial.

¿Crees que el concepto «fiesta» es distinto en Nueva York?

Lawrence: Sin duda el concepto de fiesta en Nueva York ha cambiado durante estas décadas que he estado ausente de la ciudad. Pero en general, Nueva York es una ciudad donde el tiempo es dinero y si no estás ganando dinero estás perdiendo el tiempo. Ligar es una cuestión no solo de gustos sino de mejorar tu posición social/económico/etc. Y en la Gran Manzana, cualquier persona es solo un engranaje pequeño en la maquinaria: eres intercambiable por otro, otro con la polla/sonrisa/cuenta bancaria/etc., más grande, más pequeña, más lo que sea siempre que sea más. Pero siempre hay motivos ulteriores, y casi nunca es por el mero placer de divertirse.

Mira cómo ha cambiado con los años el famoso Burning Man en la otra costa… la escena Neoyorkina, imagino, sigue el mismo patrón.

¿Recuerdas cuál fue la primera fiesta a la que asististe como adulto?

Lawrence: Para mi, ir a la universidad fue mágico: no solo coincidió con la mayoría de edad y la independencia del seno familiar, estar rodeado con gente dinámica e inteligente, que compartían mis aficiones e intereses, era embriagador. En la Universidad Yale, donde estudié, hay otro aspecto particular que creo que no comparte con las demás universidades: gran parte de la vida social gira no solo de las fraternidades, que también existen, sino de los grupos de canto. Ser elegido era algo muy competitivo y pertenecer a esas élites, algo muy deseado socialmente. Y por supuesto, había jerarquías entre los grupos, si era mejor uno mixto de género o uno sólo de hombres o mujeres, etc. Yo soy pésimo para cualquier tipo de performance en público, sea literaria o musical, y no puedo cantar. No me presenté a ningún grupo de canto, tampoco me hubieran elegido. Pero sí tuve el deseo de poder ser elegido, de poder cantar. Me encantó conocer a gente que tenía ese don, de escucharlos en los ensayos, de apoyarles gritando mientras bebían una cantidad enorme de alcohol de un trofeo para cerrar el trato de formar parte del grupo… Siempre tuve la sensación de no pertenecer, no por edad, de ser niño en un mundo adulto, sino por falta de talento, un no-músico en un mundo de gente con ese talento, pero era una fiesta y una noche mágica, quizás aún más por ser una de las primeras grandes fiestas entre mi tribu recién encontrada.

¿Cómo fue para ti salir de noche por Madrid cuando te mudaste?

Lawrence: Madrid era maravilloso. Es muy acogedor como ciudad. Me resultó muy fácil conocer a gente, y ellos me presentaban a sus amigos, y la noche siguiente, si encontrabas a uno de esos amigos, ellos te presentaban a los suyos.

Me encantaron mis primeros años en Madrid, y especialmente el ambiente diverso y mezclado. En sitios como la discoteca Refugio, se mezclaban todas las tribus: podrías tener a un punky bailando al lado de un profesor cuarentón de matemáticas, un lederón al lado de un pijo. Y no solo bailando: se ligaba, hubo encuentros inesperadas y fortuitos que ya no ocurren porque los locales han cambiado y los que sobreviven son ahora muy especializados y eso sin mencionar a las apps, donde uno filtra miles de personas de manera proactiva… previniendo, así, muchos encuentros placenteros.

6 Madrid

Para terminar, vuélvete loco, no pienses en el presupuesto ni en el qué dirán: si pudieras crear una fiesta o evento literario internacional, ¿cómo sería?

Lawrence: Crear una fiesta o evento literario sin tener que preocuparme por el presupuesto sería un sueño como lector más que como escritor. Aunque la verdad es que muchas veces prefiero interactuar a través de la obra, he conocido a algunos autores que no me han caído bien y luego eso afecta a cómo leo sus libros…

Me ha pasado también con algunos actores porno, que me ponen mucho cuando les veo en la pantalla, pero en vivo no conectamos: el interactuar con ellos como personas es distinto que como recipientes de mis proyecciones/fantasías eróticas. Da rabia, la verdad, que no te ponga un actor porno cuando lo tienes delante y está interactuando contigo… Pues muchas veces mis experiencias con escritores han sido parecidas, no sé de qué hablar con ellos.

Igual podría simplemente diseñar un programa donde pudiera escucharles hablar de temas interesantes. Quizás lo mejor sería que escribieran algo nuevo para mí: una nueva historia con uno de mis personajes favoritos, algo así. Aunque es demasiado íntimo en vez de festivo. Creo que con la edad valoro más ese tipo de interacción y tengo menos paciencia para lo masivo o grupos muy grandes. Celebración, jubileo, pero en plan íntimo. No un grupo de gente interesante todos a la vez sin poder prestarles atención ni escucharles todos mientras hablan también entre ellos, pero una serie de encuentros con el lujo de tiempo para hablar de manera distendida y luego tiempo entre cada uno para reflejar lo que hemos hablado, para leer de antemano su obra, para no aburrirme de tanto ídolo tan rápido… Un ciclo mejor que un festival, creo. Sí, mucho mejor así.

Nuestros bigotes os recomiendan seguirle la pista a Lawrence Schimel porque creemos que la diversidad en la literatura es una parte fundamental en el desarrollo de la sociedad del futuro. Una barba para dos es una lectura ligera que nos hace ver las diferentes caras del sexo y, sobre todo, es una muestra de naturalidad que planta cara a quien no quiere ver la realidad.

Para nosotros ha sido un placer entrevistar a Lawrence Schimel, esperamos que para vosotros lo sean sus libros. 

Ángela Pacheco
Ángela es bibliófila por naturaleza y por formación, conoce todo lo que rodea al mundo del libro, desde la portada hasta el punto final. Seguro que el libro que tienes entre manos ya ha pasado por las suyas. La música, el cine y el turismo se cruzan también en su universo interior dando forma a una visión muy particular de todo lo que lee.
Ha dicho que está decidida a ganarse la vida con su pasión, el mundo de las letras. Aceptamos donaciones para ayudarla. Ya sabes a quién acudir si necesitas un corrector especializado o una aprendiz de escritora.
Me gusta el cine más bizarro de serie z, las descripciones apasionadas en las páginas de cualquier libro, Gustav Klimt y la lluvia, sobre todo... la lluvia.
No me gusta la estupidez humana y vivir en un mundo donde lo que se nos enseña de pequeños no se respeta de mayores (compartir, respetar los turnos de palabra...).
Pasaría una noche en vela con Ed Sheeran, Ray Bradbury y con el líder de una secta o institución religiosa con el que poder discutir pacíficamente.
Una obra en la que me quedaría a vivir La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón, podría pasarme la vida recorriendo los pasillos del Cementerio de los libros olvidados.
Bigote preferido El de Davy Jones del Holandés Errante y, sin lugar a dudas, todos los que participan cada año en el movimiento Movember.

One thought on “ENTREVISTA A LAWRENCE SCHIMEL

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