ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE, SADEQ HEDAYAT

Nacido en Teherán en el año 1903 y comparado por los expertos con Camus o Kafka, Sadeq Hedayat es un autor muy poco conocido en España. Su padre era un poeta y crítico literario reputado en su ciudad, quizá la vocación artística de Hedayat fuera de influencia paterna. Aunque tuvo una educación europea, nunca dejó atrás su tradición y su cultura. El búho ciego es su principal obra y, en ella, podemos apreciar claramente un carácter muy marcado por la idea de la muerte.

Abril es un mes plagado de aniversarios que nos recuerdan la vida y la muerte de escritores como Miguel de Cervantes o William Shakespeare. Es en su memoria precisamente que el 23 de abril sea el Día Internacional del Libro. ¿Cuántos autores quedan a la sombra?, ¿cuántas obras han quedado olvidadas? Quizá abril sea el mejor momento para recordar a esos otros artistas que merece la pena conocer y que, por desgracia, también están de aniversario.

Foto2. Frase Sadeq Hedayat.

Un día de abril de 1928 en París, Sadeq Hedayat se arrojó al río Marne con el único propósito de acabar con su vida. Si no hubieran conseguido salvarle, solo nos habría dejado una obra publicada, Las ventajas del vegetarianismo, y muchos manuscritos por terminar. Regresó a Teherán y pasó mucho tiempo recluido, pero después empezó a publicar cada año al menos una obra. No se conformó con un género literario, fue escritor de narrativa, teatro y ensayo. Dedicó parte de su tiempo al oficio de traductor de autores como Franz Kafka y Jean-Paul Sartre, además de traducir obras escritas en pahlaví o persa medio.

Unos años más tarde, Sadeq Hedayat decidió distribuir entre sus conocidos en Bombay tan solo cincuenta ejemplares de El búho ciego. Tardó cinco años en ver publicada su gran obra en su país natal. Siguió escribiendo, trabajó como intérprete, dio conferencias… y, finalmente, regresó a París. En abril de 1951, veintitrés años después de su suicidio fallido, abrió la llave del gas tras tapar todas las puertas y ventanas del apartamento que tenía alquilado. Su amigo, Édouard Saenger, lo encontró muerto en el suelo junto a un montón de cenizas de lo que debían ser sus últimos manuscritos.

 Foto3. Contraportada.

El búho ciego nos embarca en un viaje circular por la mente cargada de delirios de un hombre enfermo. Tiene ese toque tan kafkiano de volver loco al lector con sucesos aparentemente inconexos. El protagonista se relata a sí mismo, o más bien a su sombra, angustias vividas y penurias imaginarias. Un bucle que te transporta una y otra vez hacia el mismo punto, la misma imagen simbólica que tan absorto tiene al personaje. Sadeq Hedayat nos muestra una pesadilla obsesiva y, en ocasiones, claustrofóbica, en una narración plagada de metáforas increíblemente hermosas y descripciones que hacen tangibles sus palabras en el aire.

Hedayat nos presenta a un hombre atormentado, nos sumerge en su tristeza y su locura sin ninguna explicación. Nos encontramos con una habitación que nos hace sentir asfixia e interés a partes iguales. Después, como si de una precuela cinematográfica se tratase, conocemos su vida. Para mí, es un vaivén que oscila entre la muerte y la vida para mostrarnos un pedazo del alma del autor.

Foto4. El búho ciego.

Con menos de 150 páginas es un libro que llega a hacernos pensar, para bien o para mal y que nos deja huella. La obra de Sadeq Hedayat en Irán se lee y se publica de forma restringida, aunque es muy apreciada entre los que aspiran a ser escritores, y el acceso desde otras partes del mundo no es tan sencillo como podría parecer. Es tal el delirio en el que te envuelve El búho ciego que cuando terminas dudas de si te ha gustado o no. Del desagrado a la fascinación y vuelta a empezar. Su obra, como su muerte, tiene un eje sobre el que girar y al que volver hasta cerrar el libro por fin. París fue donde volvió para terminar lo que había empezado, El búho ciego es donde sus lectores volveremos para sentir su extrañeza y la mujer vestida de negro junto al ciprés es sin duda su principio y su final.

Por último, me quedo con una frase del prólogo de Juan Abeleira que deja ver un atisbo de lo que nos aguarda entre autores perdidos y olvidados: «Hay hombres y mujeres de corazón vertiginoso que tienen mucho que contarnos sobre nosotros mismos».

Ángela Pacheco
Ángela es bibliófila por naturaleza y por formación, conoce todo lo que rodea al mundo del libro, desde la portada hasta el punto final. Seguro que el libro que tienes entre manos ya ha pasado por las suyas. La música, el cine y el turismo se cruzan también en su universo interior dando forma a una visión muy particular de todo lo que lee.
Ha dicho que está decidida a ganarse la vida con su pasión, el mundo de las letras. Aceptamos donaciones para ayudarla. Ya sabes a quién acudir si necesitas un corrector especializado o una aprendiz de escritora.
Me gusta el cine más bizarro de serie z, las descripciones apasionadas en las páginas de cualquier libro, Gustav Klimt y la lluvia, sobre todo... la lluvia.
No me gusta la estupidez humana y vivir en un mundo donde lo que se nos enseña de pequeños no se respeta de mayores (compartir, respetar los turnos de palabra...).
Pasaría una noche en vela con Ed Sheeran, Ray Bradbury y con el líder de una secta o institución religiosa con el que poder discutir pacíficamente.
Una obra en la que me quedaría a vivir La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón, podría pasarme la vida recorriendo los pasillos del Cementerio de los libros olvidados.
Bigote preferido El de Davy Jones del Holandés Errante y, sin lugar a dudas, todos los que participan cada año en el movimiento Movember.

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