EL HUNDIMIENTO MÁS FAMOSO DE LA HISTORIA

Olympic y Titanic puerto

   Todos en el mundo occidental conocemos a grandes rasgos la historia del naufragio más famoso de la historia, el accidente que hundió el gigantesco RMS Titanic la noche del 14 al 15 de abril de 1912 en las frías aguas del Atlántico durante su viaje inaugural.  A pesar de no ser el naufragio en el que han muerto más personas  la historia del hundimiento del Titanic es la más conocida, tanto por las casualidades y la espectacularidad que le rodearon, como por la fama de algunos de los pasajeros fallecidos y por el aura de leyenda que rodeó siempre al barco. Aunque el suceso lo hemos visto en películas como el taquillazo de James Cameron, hay algunos datos que el cine nunca recoge y son increíblemente insólitos.

El transatlántico había partido de Southampton el día 10 con algunas de las grandes fortunas del mundo a bordo, además de un nutrido grupo de emigrantes franceses, británicos e irlandeses que se dirigían a Nueva York para buscar una nueva vida. Transcurridos cuatro días del viaje, la noche del 14, el Titanic chocó contra un iceberg gigante en mitad del océano. Quizás por saltarse los remaches de protección o por una brecha en el casco, el agua comenzó a entrar en las cámaras estancas y el barco comenzó a hundirse. Se empezaron a evacuar a  mujeres y niños en casi total oscuridad, ya que las luces del barco fueron apagándose mientras naufragaba.  El barco se fue hundiendo por la proa, y la parte de popa comenzó a elevarse de forma espectacular. Aquí se abre una duda: se cree que el barco se partió por la mitad porque los restos se han encontrado así en la exploración, pero apenas hay testigos de este suceso, quizás por la oscuridad que lo inundaba todo. Finalmente el barco fue tragado por el Atlántico y más de 1500 personas murieron, algunas dentro del barco y otras muchas por la hipotermia.

Sólo unas 700 personas sobrevivieron a la tragedia, rescatadas por otro transatlántico horas más tarde. La leyenda negra del Titanic siempre cuenta cómo habiendo varias naves en las proximidades, algunas legales y otras navegando de forma clandestina, el rescate se prolongó y la ayuda no llegó hasta pasadas varias horas. También se ha debatido si las bengalas de socorro se confundieron con fuegos artificiales de fiesta o si ignoraron a propósito las señales de petición de ayuda.

  Entre los pasajeros fallecidos se encontraban: John Jacob Astor IV, uno de los hombres más ricos del mundo; Benjamin Guggenheim (de la familia de coleccionistas de arte que crearía los museos); el periodista, militar y asesor de varios presidentes Archibald Butt; Isidor Straus, el fundador de los almacenes Macy’s en Nueva York y Thomas Andrews, el mismo arquitecto naviero del Titanic. También había sufragistas, políticos, deportistas y empresarios muy conocidos que sí lograron sobrevivir, y que llenaron las portadas de diarios y revistas de la época con su testimonio. Era el viaje inaugural del mejor barco de la White Star Line y todos querían estar allí. Para los supervivientes el recuerdo del accidente y los momentos de terror en mitad del océano tampoco fueron fáciles, por lo que algunos mantuvieron una estrecha relación con la historia durante toda su vida y quisieron regresar al lugar de mayores o arrojar sus cenizas allí.

Otra de las historias que siempre hemos oído es la de que la orquesta continuó tocando hasta el final, y es que, al ser hombres jóvenes, a ninguno de ellos se les permitió subir a los botes salvavidas. Estos ocho hombres tocaron desde el primer momento del accidente para calmar a la tripulación hasta el final del hundimiento, como corroboraron varios testigos. Aun hoy se especula sobre cuál fue la última canción que se oyó, algunas voces apuntaron a que era una versión de «Nearer, my God, to Thee» (Más cerca, Dios mío, de ti).

  Poca gente conoce el extraño hecho de que la historia del Titanic fue escrita incluso antes de que sucediera. En 1898 se había publicado la novela Futilidad, o el hundimiento del Titán, la historia de un barco transatlántico que alojaba a ricas personalidades y que chocaba una noche de abril con un fragmento de iceberg para hundirse en el océano. La coincidencia es cuanto menos inquietante.

rms Titanic restos
Restos de proa del RMS Titanic hallados en la exploración submarina

El hundimiento del Titanic es una historia fascinante que no solo narra una enorme tragedia sino la lucha comercial de las navieras por lograr el mejor barco, las microhistorias de gente que se embarcó para buscar nuevas oportunidades en América, o la estructura social de las clases que iban a bordo como un extracto de la sociedad de su tiempo. Para conocer estas microhistorias podemos acercarnos a la exposición que ha girado por distintas ciudades de Europa y América llamada Titanic: the exhibition, ahora en Madrid (Centro Cultural Fernán Gómez). En ella podremos ver la historia de la construcción del barco, recreaciones de las estancias interiores, los relojes parados en la hora del hundimiento y miles de enseres personales que se han recuperado del barco, además de los trabajos de arqueología y exploración subacuática que lo han permitido. Los objetos que vemos en esta exposición, incluida la famosa joya que inspiró la película de James Cameron, pertenecieron a personas reales y dan cuenta de los deseos, los miedos y las personalidades de la gente que los llevaron y cuya vida se truncó o cambió para siempre aquella noche de abril en mitad del océano.

http://www.titanic.eu/spa

Pedro Aguado González
Pedro es historiador, escritor y gestor cultural. Le atraen un sinfín de géneros musicales y pasa horas buceando en el proceloso mundo virtual descubriendo grupos, canciones e historias. Ha participado en webs como Cronoviajeros o QueAprendemosHoy. Colecciona instrumentos musicales, viajes extraños y enemigos imaginarios.
Me gusta Las canciones de Antonio Vega, los cuentos de Borges y las culturas antiguas
No me gusta Lo que se crea solo para vender, el hip-hop y la economía
Pasaría una noche en vela con Sabina, Alaska, Leonor Watling, Pucho, Almodóvar y Jesús Ordovás, todos a la vez encerrados en un garito.
Una obra en la que me quedaría a vivir Blade Runner de Ridley Scott
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