EL CUENTO DE LA CRIADA, MARGARET ATWOOD

La televisión ha visto un manantial de inspiración en la literatura y gracias a sus adaptaciones muchos espectadores han rebuscado entre las estanterías para sumergirse en el contenido original. No, no me refiero a los libros de George R. R. Martin, la saga Canción de hielo y fuego y la serie mundialmente famosa Juego de tronos. Estoy hablando de El cuento de la criada de Margaret Atwood, un libro mucho más próximo a nuestras circunstancias que las intrigas de Poniente. Un futuro que asusta por su extraña cercanía, por su increíblemente aceptable y posible realidad.

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Margaret Atwood escribió El cuento de la criada en 1985 y sus palabras dieron voz a las mujeres oprimidas y explotadas, un golpe de reflexión en la mesa de la sociedad actual. En esta obra, la mujer es utilizada por su «destino biológico», es un simple elemento pasivo en un mundo estéril donde la fertilidad es el comercio que convierte las vidas en mercancía.

Imagina que un atentado terrorista cambia tu país. Imagina el miedo a los extranjeros, el cierre de fronteras para nuestra «protección». La democracia empieza a evaporarse con tanta sutileza que casi no te das cuenta. La población envejece, el índice de natalidad se reduce. Los puestos de trabajo escasean… Vaya, pues no es tan difícil de imaginar. Y ahora viene lo complicado, empieza a olvidar. Tu cuerpo ya no es tuyo, está al servicio de los intereses del poder. Olvida que te gustan las personas de tu mismo sexo. Deja atrás a tu pareja y a los hijos que tuviste o que nunca quisiste tener. Di adiós a la libertad, ya no podrás leer o escribir. Borra tu identidad, asume la que te dan ellos. Tu sexualidad, tu trabajo, tus ingresos, tu independencia… Ya nada es tuyo.

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El cuento de la criada está narrado por Defred. Si eres criada te pondrán el nombre basándose en el del hombre que te violará sistemáticamente hasta que te quedes embarazada, en este caso Fred. La protagonista pasó de ser una mujer trabajadora a ser un medio para un fin. La primera acepción de la palabra sexualidad de la Real Academia Española habla del conjunto de condiciones anatómicas y fisiológicas que caracterizan a cada sexo, pero para Defred solo significa que ser mujer es un castigo. La segunda definición habla del apetito sexual y el placer carnal… algo que han decidido extirpar de las vidas de los habitantes de Gilead. Por eso he querido hablar del libro de Margaret Atwood este mes que nuestros bigotes se sumergen en la sexualidad. ¿Y si la sexualidad se convirtiese en una tortura? Desear lo que no puedes tener y tener lo que jamás querrás…

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Los homosexuales son denominados «traidores a su género» y sufren la pena de muerte. Las mujeres fértiles son esclavas, úteros andantes que parirán hijos para otros. Las mujeres estériles adineradas sostendrán a las criadas mientras sus maridos las violan en una terrorífica ceremonia de concepción. La masculinidad no puede ofenderse, así que ellos nunca son los estériles. Si la criada no se queda embarazada es culpa suya y no de él. ¿Podríamos llegar a distorsionar así la sexualidad?

El libro es mucho más, pero no quiero desvelar cómo es la vida de Defred, cómo viste, qué piensa y qué le pasa a lo largo de las páginas. Si puedes imaginar su entorno, quizá quieras verlo a través de sus ojos. Por último, la serie de televisión basada en esta novela es muy recomendable, aunque yo siempre prefiero leer el libro antes de ver la adaptación… ambas cosas son dignas de vuestro tiempo.

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Ángela Pacheco
Ángela es bibliófila por naturaleza y por formación, conoce todo lo que rodea al mundo del libro, desde la portada hasta el punto final. Seguro que el libro que tienes entre manos ya ha pasado por las suyas. La música, el cine y el turismo se cruzan también en su universo interior dando forma a una visión muy particular de todo lo que lee.
Ha dicho que está decidida a ganarse la vida con su pasión, el mundo de las letras. Aceptamos donaciones para ayudarla. Ya sabes a quién acudir si necesitas un corrector especializado o una aprendiz de escritora.
Me gusta el cine más bizarro de serie z, las descripciones apasionadas en las páginas de cualquier libro, Gustav Klimt y la lluvia, sobre todo... la lluvia.
No me gusta la estupidez humana y vivir en un mundo donde lo que se nos enseña de pequeños no se respeta de mayores (compartir, respetar los turnos de palabra...).
Pasaría una noche en vela con Ed Sheeran, Ray Bradbury y con el líder de una secta o institución religiosa con el que poder discutir pacíficamente.
Una obra en la que me quedaría a vivir La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón, podría pasarme la vida recorriendo los pasillos del Cementerio de los libros olvidados.
Bigote preferido El de Davy Jones del Holandés Errante y, sin lugar a dudas, todos los que participan cada año en el movimiento Movember.

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